BUENOS AIRES – El sector energético argentino ha marcado un hito sin precedentes. Durante el cierre de 2025 y los primeros meses de 2026, el país logró superar su techo histórico de producción de crudo, una marca que se mantenía inamovible desde 1998. Con una extracción que roza los 874.000 barriles diarios, Argentina se consolida como un jugador de peso en el mapa energético global.
Vaca Muerta: El corazón del milagro energético
El protagonista absoluto de este fenómeno es el yacimiento Vaca Muerta, en la provincia de Neuquén. La formación no convencional no solo ha compensado el declino natural de los pozos tradicionales, sino que ha disparado las estadísticas nacionales:
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Liderazgo: Neuquén ya aporta más del 57% del total nacional.
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Volumen: La provincia ha superado la barrera del medio millón de barriles diarios por sí sola.
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Transformación: Por primera vez, el crudo no convencional representa más de la mitad de la matriz productiva del país.
La formación no convencional ubicada en la provincia de Neuquén (sur) explica hoy el 68% del petróleo y el 56% del gas natural producidos en el país, con 4.470 pozos activos.
Impacto en la economía y la balanza comercial
Este salto cuantitativo ha transformado la realidad financiera del sector. Gracias a los niveles récord registrados en febrero de 2026, Argentina ha logrado:
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Superávit Energético: Se ha consolidado una balanza comercial positiva, revirtiendo años de déficit.
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Divisas: El sector hidrocarburífero se posiciona hoy como un pilar fundamental para el ingreso de moneda extranjera.
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Contexto Global: El país capitaliza un escenario internacional de precios favorables, maximizando la rentabilidad de sus exportaciones.
“Estamos ante un cambio de paradigma. Lo que antes era potencial en Vaca Muerta, hoy es una realidad que sostiene la economía nacional”, señalan analistas del sector.
Perspectivas a futuro
A principios de 2026, la tendencia de crecimiento no muestra signos de agotamiento. La infraestructura de transporte y las inversiones sostenidas sugieren que el techo de los 874.000 barriles podría ser solo un escalón más en una curva que continúa ascendiendo, posicionando a la energía como el motor de la recuperación económica argentina.













