El régimen de Nicaragua extiende el mandato presidencial de Ortega a siete años y elimina cualquier posibilidad de elecciones

Diversos analistas políticos y sectores de la oposición en el exilio han calificado la medida como un "golpe de Estado institucional" del régimen de Daniel Ortega

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La pareja que ejerce la presidencia de Nicaragua, Daniel Ortega y Rosario Murillo

MANAGUA.- El régimen de Nicaragua ha dado un paso definitivo hacia la perpetuación absoluta en el poder. El presidente de la Asamblea Nacional, Gustavo Porras, anunció una reforma que extiende el mandato presidencial de seis a siete años y elimina cualquier restricción para la reelección indefinida, permitiendo formalmente la permanencia de por vida de Daniel Ortega en el Ejecutivo.

Esta nueva modificación constitucional representa una aceleración en el control institucional del país. En procesos previos, el periodo de gobierno ya había sido ampliado de cinco a seis años. Con este nuevo ajuste a siete años y la supresión total de topes para postularse a los comicios, el aparato estatal formaliza un esquema diseñado para la continuidad ilimitada de la pareja presidencial.

Diversos analistas políticos y sectores de la oposición en el exilio han calificado la medida como un “golpe de Estado institucional”. Señalan que la reforma liquida los últimos vestigios de la separación de poderes y el respeto a la Constitución. Al no existir contrapesos políticos dentro de la Asamblea Nacional —controlada en su totalidad por el oficialismo—, la enmienda fue presentada y encauzada sin debate ni oposición real.

Con este anuncio, el oficialismo nicaragüense abandona cualquier disimulo de alternancia democrática. La reforma blinda legalmente la estancia de Ortega en la presidencia, consolidando un modelo de control total y de partido único sobre la nación centroamericana.