Por Paco Tilla.-
Que el fútbol se vive de formas distintas en cada rincón del planeta es una verdad absoluta, pero lo de los españoles ya roza lo clínico. Mientras en Argentina la clasificación a la final del Mundial desató un carnaval místico de lágrimas, asados en la vereda, abuelas subidas a los semáforos y promesas de tatuajes colectivos, del otro lado del charco la cosa fue… diferente. ¡Mira que son insulsos para festejar!
Ver a los jugadores españoles celebrando el pase a la final parecía más bien una reunión de consorcio o, siendo generosos, un cumpleaños de algún conocido al que fuiste por compromiso. Una amabilidad extrema, una palmadita en la espalda y a dormir temprano. ¡Qué tristes que son! Por su parte, los aficionados parecen de cartón, incapaces de romper el molde de la corrección política ni aunque se estén jugando la gloria eterna.
El misterio del himno mudo: hasta en eso derrapan
La escasa emoción de los futbolistas ibéricos y de los aficionados en la previa de cada partido ya tiene explicación científica: ni siquiera pueden cantar su propio himno porque, por increíble que parezca, ¡no tiene letra! Es solo música.
El himno español, conocido como la Marcha Real, tiene el dudoso honor de ser uno de los cuatro únicos himnos en el mundo sin letra oficial, compartiendo podio de silencio con San Marino, Bosnia y Herzegovina, y Kosovo.
Originalmente compuesto en el siglo XVIII como una marcha militar de desfile, ha sobrevivido a los siglos en un limbo instrumental. A lo largo de la historia se han hecho múltiples intentos por añadirle una letra, pero el consenso político y popular en España es tan esquivo que nunca lograron ponerse de acuerdo. Así que ahí los tenés, en el momento de máxima tensión planetaria, tarareando un “lo-lo-lo” que contagia la misma épica que una publicidad de desodorante. Hasta en eso derrapan.
El “descontrolado” festejo de los jugadores españoles tras clasificar a la final del Mundial. pic.twitter.com/xQGWvWNABT
— Fabián Doman (@fabdoman) July 15, 2026
El “pequeño” detalle arquitectónico de Barcelona

Sin embargo, la timidez habitual se transformó de golpe en un arrebato de patriotismo un tanto soberbio. En Barcelona, una conocida torre decidió iluminarse con los colores de la bandera española y la palabra “Campeones” antes de tiempo.
El problema no es el festejo anticipado (que ya de por sí atrae a la famosa “mufa”), sino el soporte elegido. El edificio en cuestión tiene una fisonomía bastante particular: se parece sospechosamente a un juguete de consolación íntima de dimensiones descomunales.
La soberbia se paga caro en el fútbol, y en caso de que Argentina se quede con la Copa y España pierda la final, los catalanes van a tener un serio problema logístico para esconder semejante monumento al optimismo. Van a tener que guardarlo en algún lugar muy oscuro y, viendo el tamaño del edificio, queda claro que deberán usar enormes cantidades de vaselina. ¡A no cantar victoria antes de tiempo!
En definitiva, gente más aburrida no se consigue…













