En un nuevo capítulo de lo que la oposición y diversos analistas internacionales califican como una “persecución judicial sistemática”, el ministro del Supremo Tribunal Federal (STF) de Brasil, Alexandre de Moraes, denegó formalmente la solicitud del presidente de Argentina, Javier Milei, para visitar al exmandatario Jair Bolsonaro, mientras que la Justicia argentina, permitió la visita de Lula a la expresidenta Cristina Kirchner, condenada por corrupta.
La decisión de Moraes, tomada este sábado, según analistas, vuelve a poner bajo la lupa la imparcialidad del magistrado, fuertemente cuestionado por actuar en una preocupante triple función: como policía, juez y jurado en las causas que cercan a la oposición brasileña.
El pretexto técnico: Una carta familiar como detonante
El equipo de defensa de Bolsonaro había coordinado el encuentro para el próximo 25 de julio, aprovechando el viaje oficial de Milei a Brasil con motivo de la convención nacional del Partido Liberal (PL). Bolsonaro cumple actualmente arresto domiciliario bajo la controvertida acusación de “supuestamente liderar un intento de golpe de Estado”.
Sin embargo, Moraes utilizó un severo tecnicismo para bloquear la foto política del año:
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Aislamiento total: El viernes previo, el ministro suspendió por 30 días cualquier tipo de visita a Bolsonaro (con excepción de médicos y abogados).
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La “infracción”: El motivo del castigo fue la publicación de una carta manuscrita de Bolsonaro en las redes sociales de su hijo, el senador Flávio Bolsonaro.
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El rechazo a la defensa: Aunque los abogados demostraron que el expresidente no tiene acceso a redes y desconocía que su hijo publicaría la misiva, Moraes rechazó el argumento y ratificó, además, la prohibición de que Flávio visite a su propio padre por 90 días.
El evidente doble rasero en la región
La rigidez de Moraes contrasta de forma grotesca con los precedentes de la justicia regional, evidenciando un sesgo político que, según los críticos, busca asfixiar la agenda de la derecha en América Latina y blindar la narrativa del gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva.

Contraste histórico: Mientras la justicia brasileña hiper-regula y prohíbe un encuentro entre Milei y Bolsonaro, los jueces argentinos permitieron en su momento que el propio Lula da Silva visitara en su prisión domiciliaria a la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, a pesar de estar condenada por corrupción en la conocida causa Vialidad.
Un superjuez sin contrapesos
Para la oposición brasileña, Moraes se ha convertido en el “Juez de Lula”, un actor político con toga cuyos fallos, de manera sospechosamente sistemática, terminan favoreciendo los intereses del Palacio del Planalto.
Al impedir que un presidente en funciones como Javier Milei se reúna con el principal líder de la oposición brasileña, el STF no solo interfiere en las dinámicas políticas internas, sino que tensa las relaciones diplomáticas bilaterales, demostrando que en el Brasil actual, la frontera entre la justicia constitucional y la militancia política parece haberse desvanecido por completo, explican expertos en política regional.














Moraes es aliado del gobierno de Lula y no se molesta en disimularlo.
Este juez no oculta su ideología. Amigo del poder