OPINIÓN | La insensatez del poder: Bolivia como rehén de la ambición de Evo Morales

La verdadera naturaleza de esta movilización quedó al descubierto con el último y descarado condicionamiento del exmandatario. Morales ha afirmado que solo ordenará pacificar el país y levantar las medidas de presión si el presidente de la República convoca a elecciones de manera inmediata

0
1

Bolivia asiste, una vez más, a un espectáculo tan dramático como predecible: el secuestro de la paz social en el altar de la ambición política de un solo hombre. A Evo Morales no le importa que los alimentos se pudran en las carreteras ni que los insumos médicos esenciales dejen de llegar a los hospitales de las zonas más vulnerables del país. Para el expresidente, el desabastecimiento, el hambre y la salud de sus compatriotas son meros “daños colaterales” en su estrategia de presión. Expertos analistas coinciden en un diagnóstico crudo pero certero: en la agenda de Morales solo prima una ansía desmedida de poder.

Lejos de mostrar un atisbo de sensibilidad ante la crisis humanitaria que sus propios seguidores provocan con el bloqueo sistemático de rutas, el líder cocalero ha decidido redoblar la apuesta, aumentando la presión a niveles asfixiantes.

La paradoja de las “banderas blancas” y la línea dura

En una demostración de soberbia que raya en el cinismo, Morales ha arremetido contra su propio entorno. Lejos de buscar la conciliación, llamó públicamente “traidores” a aquellos dirigentes de su sector que intentaron sentarse a negociar una tregua humanitaria con el Ejecutivo. Para Evo, cualquier intento de diálogo es una debilidad.

De hecho, en un gesto que retrata su actual catadura moral, el expresidente llegó a burlarse abiertamente de las “banderas blancas” enarboladas por sectores de la sociedad civil y transportistas atrapados en los bloqueos. Lo que para el país representa un grito desesperado de auxilio y pacificación, para Morales es motivo de mofa.

“La actitud de Morales ya no es la de un líder social, es la de un extorsionador político. Utiliza las necesidades más básicas de la población como moneda de cambio”, dijo un experto en análisis político boliviano a ICN Diario, bajo pedido de anonimato.

Un chantaje con tinte golpista

La verdadera naturaleza de esta movilización quedó al descubierto con el último y descarado condicionamiento del exmandatario. Morales ha afirmado que solo ordenará pacificar el país y levantar las medidas de presión si el presidente de la República convoca a elecciones de manera inmediata.

Esta postura no es otra cosa que una actitud golpista y un chantaje directo a la democracia. Pretender forzar la salida anticipada de un gobierno constitucional o alterar el calendario electoral mediante el desabastecimiento y el ahogo económico es un atentado flagrante contra el Estado de derecho.

A Evo Morales ya no le interesan las bases, ni los indígenas, ni los trabajadores a los que alguna vez afirmó defender. Hoy, atrapado en su propio laberinto de egolatría, el expresidente parece dispuesto a ver arder a Bolivia entera con tal de recuperar el trono perdido. Cabe preguntarse hasta cuándo el país tolerará que la salud y la vida de millones de bolivianos sigan siendo rehenes de un capricho personal.