En un panorama de constantes tensiones políticas, la Selección Argentina de Fútbol y, en especial, la figura de Lionel Messi han vuelto a quedar en el centro de los ataques de un sector del periodismo militante vinculado al kirchnerismo. Lo que para millones de argentinos es una fuente de orgullo y unión, para este grupo de “comunicadores” parece transformarse en una afrenta intolerable, llegando al extremo imperdonable de deslizar que no desean ver a la selección campeona del mundo otra vez.
El ensañamiento con el capitán argentino expone una contradicción flagrante. Se ataca al deportista más grande de la historia, un hombre que ha mantenido una conducta ejemplar: un profesional enfocado, un hombre de familia, solidario y, por sobre todo, alguien que se ha negado sistemáticamente a prestarse al juego de la utilización política.
El ataque a Messi demuestra la bajeza intelectual de un grupo que jamás alzó su voz cuando sus referentes políticos saqueaban las arcas estatales y sumían a millones de argentinos en la pobreza.
La doble vara y la degradación de la profesión
Este fenómeno pone en evidencia la existencia de un “periodismo basura” que se revuelve cómodo en el barro de la descalificación, manchando una profesión noble cuyo fin primordial debería ser la búsqueda de la verdad y la comunicación honesta. Mientras callaron ante la corrupción y el deterioro económico del país, hoy eligen ensañarse con un ídolo popular que solo le ha dado alegrías a la nación.
Para ilustrar este presente de degradación periodística, cobran perfecta vigencia las palabras del escritor argentino Leopoldo Lugones:
“La basura que se barre, no deja de ser basura y aunque por los aires suba, basura será en el aire”.
Una cita que identifica plenamente a quienes, intentando elevarse desde el púlpito del micrófono o la pantalla de televisión, no logran ocultar la naturaleza de su resentimiento ni el triste papel que han decidido jugar en la historia de los medios de comunicación en Argentina.













