
La promesa de justicia universal encarnada por la Corte Penal Internacional (CPI) atraviesa uno de sus momentos más críticos. Concebida como el último bastión contra la impunidad global, la institución enfrenta hoy severas acusaciones de inacción deliberada y falta de garantías de seguridad jurídica. El caso más emblemático de esta parálisis institucional es Venezuela: a pesar de las pruebas contundentes acumuladas desde 2018 sobre delitos de lesa humanidad y una sistemática represión estatal, el tribunal no ha emitido resoluciones contundentes ni órdenes de captura contra los principales responsables del régimen chavista.
El factor Khan: Retrasos y redes de interés
La gestión del caso venezolano quedó marcada por la polémica actuación del entonces fiscal general de la CPI, Karim Khan. La opinión pública y los defensores de derechos humanos denunciaron durante años una dilación calificada de vergonzosa para ordenar la detención de Nicolás Maduro.
La controversia escaló tras una visita oficial de control a Caracas, donde Khan se mostró en encuentros amigables y sonrisas afables con el mandatario venezolano, una imagen que contrastó dolorosamente con los reclamos de las víctimas. Posteriormente, las alarmas sobre la imparcialidad del proceso se encendieron al revelarse un grave conflicto de intereses: la cuñada del propio fiscal Khan figuraba como parte del equipo legal encargado de defender a los funcionarios de Maduro ante la misma corte que él dirigía.

Este entramado de relaciones familiares y complacencia política erosionó la confianza en la fiscalía, una crisis que culminó a nivel interno este año con el posterior despido de Khan del organismo en medio de denuncias por acoso sexual.
La fractura interna: La renuncia del asesor de la CPI
El golpe definitivo a la narrativa de eficiencia de la CPI no provino de agentes externos, sino de su propio seno. En diciembre de 2024, Claudio Grossman, prestigioso abogado chileno de derechos humanos y entonces asesor especial de la CPI, presentó su renuncia irrevocable.
Grossman dimitió en abierta protesta por la lentitud y la inacción de la fiscalía liderada por Khan frente a los crímenes cometidos en el país caribeño. En su denuncia, el exasesor expuso la existencia de un “retraso injustificable” y criticó duramente la falta de medidas serias y urgentes para procesar a la cadena de mando del Gobierno de Nicolás Maduro, evidenciando que la parálisis del tribunal era un problema estructural y denunciado desde adentro.
Cronología de una parálisis institucional
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2018: Apertura del examen preliminar sobre la situación en Venezuela ante denuncias masivas de torturas, detenciones arbitrarias y persecución política.
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Visitas oficiales: Encuentros de alto nivel en Caracas caracterizados por la diplomacia de sonrisas y la ausencia de medidas cautelares.
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Diciembre de 2024: Renuncia de Claudio Grossman, que fractura la credibilidad interna de la fiscalía de la CPI.
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Actualidad: Anuncio de retirada de Venezuela del Estatuto de Roma y crisis de legitimidad del tribunal.
La geopolítica del escape y la reacción de la ONU
Aprovechando el histórico enfrentamiento y los entredichos del gobierno estadounidense de Donald Trump con la CPI —cuyo ejecutivo ha cuestionado repetidamente la jurisdicción del tribunal—, la vicepresidenta del régimen, Delcy Rodríguez, maniobró para ordenar la salida de Venezuela del Estatuto de Roma. Esta jugada política busca blindar al funcionariado chavista y evitar la condena mundial, operando bajo la premisa de que la actual coyuntura en Washington debilitará cualquier reclamo multilateral basado en la corte de La Haya.
Ante este escenario de repliegue, la Misión Internacional Independiente de Determinación de los Hechos de la ONU emitió un pronunciamiento urgente instando a las autoridades venezolanas a revertir el retiro del tratado fundacional de la CPI. La ONU, señalada frecuentemente por sus reacciones tardías ante las crisis humanitarias, expresó su profunda preocupación mediante un comunicado donde advierte que abandonar la corte plantea serias dudas sobre el compromiso del Estado con la rendición de cuentas.
Los expertos internacionales señalaron que este anuncio ocurre en el momento más crítico de la última década, justo cuando las víctimas carecen de garantías internas de justicia y verdad. Al no existir investigaciones nacionales significativas sobre las violaciones documentadas, el abandono de la CPI se traduce en un portazo definitivo a los mecanismos internacionales, consolidando un escenario de impunidad donde el régimen chavista intenta asegurar su impunidad formal ante la mirada impotente de la justicia penal internacional.












