El petróleo dispara la alerta: la crisis entre EE. UU. e Irán amenaza con encarecer alimentos, frenar la economía y golpear a América Latina

La CEPAL advierte que el impacto del conflicto energético podría prolongarse durante 2026 y presionar la inflación, el crédito y el poder adquisitivo de los hogares en la región

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© FIDA/P. Vega Una mujer vende papas en el mercado de alimentos de Andahuaylas, en Perú (

El nuevo choque geopolítico entre Estados Unidos e Irán encendió las alarmas económicas en América Latina y el Caribe. La escalada de tensiones en Medio Oriente amenaza con mantener elevados los precios de la energía durante 2026 y generar un efecto dominó que podría traducirse en alimentos más caros, menor ritmo de crecimiento y una reducción más lenta de las tasas de interés.

La advertencia proviene de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), que señaló que, incluso si las partes retoman las negociaciones, las consecuencias económicas del conflicto podrían extenderse debido a la persistencia de riesgos sobre el suministro energético, el transporte internacional y las cadenas de abastecimiento.

El organismo estima que el precio promedio del petróleo durante este año podría ubicarse entre un 20% y un 25% por encima del registrado en 2025, una subida que ya comenzó a trasladarse a distintos sectores de la economía. El encarecimiento de los combustibles, los fertilizantes y la logística internacional amenaza con aumentar los costos de producción y presionar nuevamente la inflación.

“El conflicto vuelve a demostrar la magnitud de la interdependencia de la economía mundial y la rapidez con que los choques internacionales se transmiten entre países y regiones”, afirmó el secretario ejecutivo de la CEPAL, José Manuel Salazar-Xirinachs.

Un golpe que ya llegó a los mercados

Los primeros efectos del conflicto ya se reflejaron en los precios internacionales. Durante la etapa más intensa de las hostilidades, el petróleo Brent alcanzó un promedio cercano a 120 dólares por barril, alrededor de un 70% más que antes del inicio de la crisis. Al mismo tiempo, los fertilizantes registraron importantes incrementos: la urea aumentó un 82% y otros insumos agrícolas subieron cerca de un 44%.

Los combustibles utilizados por hogares, empresas y sectores estratégicos también sufrieron fuertes presiones, con aumentos significativos en gasolina, diésel y combustible de aviación.

Sin embargo, la CEPAL advierte que los mayores efectos podrían aparecer con retraso. El incremento del costo energético y agrícola tardará meses en reflejarse plenamente en las cosechas, el transporte y los precios finales de los alimentos.

Ganadores energéticos y perdedores regionales

El impacto económico no será uniforme. Los países exportadores netos de hidrocarburos podrían beneficiarse temporalmente mediante mayores ingresos por exportaciones y una mejora en sus cuentas públicas. Entre ellos se encuentran Guyana, Venezuela, Trinidad y Tabago, Colombia, Brasil y Ecuador.

Pero para la mayoría de las economías latinoamericanas el escenario será adverso. Los países que dependen de las importaciones energéticas deberán asumir facturas más elevadas, reduciendo recursos disponibles para otros sectores de sus economías.

Centroamérica, Haití y República Dominicana aparecen entre los territorios más vulnerables, con un posible deterioro equivalente a 0,9 puntos porcentuales del PIB. En los países caribeños sin exportaciones relevantes de hidrocarburos, el impacto negativo podría alcanzar 0,5 puntos porcentuales.

Incluso dentro de Sudamérica, donde el balance energético regional sería ligeramente positivo, economías como Chile y Perú enfrentarían mayores costos por sus compras externas de energía.

La amenaza sobre los alimentos y las tasas de interés

La principal preocupación para los hogares es el impacto sobre el costo de vida. El aumento del precio del petróleo no solo encarece los combustibles, sino también el transporte y la distribución de productos básicos.

La presión sobre los fertilizantes añade un nuevo riesgo para la seguridad alimentaria. Los países del Golfo Pérsico tienen un papel clave en el mercado mundial de estos insumos, por lo que una reducción del suministro o un aumento sostenido de los precios podría afectar la productividad agrícola y elevar el precio de los alimentos.

La crisis también complica los planes de los bancos centrales latinoamericanos. La persistencia de mayores presiones inflacionarias podría obligarlos a reducir las tasas de interés más lentamente, encareciendo los préstamos para familias y empresas y frenando la inversión.

Además, un escenario internacional de tasas elevadas podría fortalecer el dólar y aumentar el costo del financiamiento externo para los países de la región, especialmente para aquellos con deuda denominada en moneda estadounidense.

América Latina tiene defensas, pero no está blindada

Aunque la región mantiene una menor dependencia directa del petróleo del Golfo Pérsico y cuenta con una matriz eléctrica más limpia —más del 64% de la generación proviene de fuentes renovables—, la CEPAL advierte que ninguna economía está completamente aislada de una crisis energética global.

El conflicto entre Estados Unidos e Irán vuelve a poner en evidencia la vulnerabilidad de las economías abiertas frente a los grandes movimientos internacionales. Para América Latina y el Caribe, el desafío será contener la inflación, proteger el poder adquisitivo y sostener el crecimiento en un escenario marcado por la incertidumbre.

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