Doble vara en el periodismo deportivo español: indignación selectiva y el silencio sobre el juego provocador de Álex Baena

Antes de salir a dictar cátedra de Fair Play en el fútbol internacional y hacer el ridículo frente a la opinión pública, el periodismo deportivo español debería mirar primero lo que pasa en su propia casa. Menos hipocresía mediática y más honestidad intelectual a la hora de analizar el juego.

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Álex Baena - Foto: RFEF

El periodismo deportivo español ha vuelto a hacer gala de una asombrosa amnesia selectiva. Tras el reciente y picante encuentro entre las selecciones de Uruguay y España, gran parte de la prensa ibérica no tardó en calzarse el traje de la moralidad para defenestrar el juego de la Celeste. Sin embargo, detrás del relato de “víctimas” que intentan imponer, se esconde un doble rasero colosal.

Por un lado, figuras de la vieja guardia mediática como el sexagenario Manolo Lama (Cadena COPE) —quien demuestra partido a partido que de la táctica y la esencia del fútbol entiende más bien poco—, junto a opinólogos de portales sensacionalistas como el ignoto Kike Sáez (OKDIARIO), salieron en masa y con una liviandad absoluta a cuestionar la acción que derivó en la expulsión del uruguayo Agustín Canobbio. Se rasgaron las vestiduras, hablaron de “violencia” y montaron un show de puritanismo indigno de quienes caminan los estadios hace décadas.

Lo que la prensa española prefirió callar

Lo que Lama, Sáez y compañía omitieron deliberadamente en sus editoriales fue el origen de la temperatura del partido. Corría el minuto 46 cuando el mediocampista español Álex Baena cometió una durísima infracción contra el propio Canobbio. Una acción desmedida por la que el árbitro del encuentro tuvo que mostrarle la tarjeta amarilla.

De esa provocación y de esa violencia física, los “periodistas” españoles no dijeron una sola palabra. Prefirieron callar, victimizarse y mirar para el costado.

El “prontuario” de Álex Baena

Para poner en contexto a los analistas de Madrid que hoy simulan espantarse, vale la pena revisar el historial de amonestaciones de Baena. Lejos de ser un futbolista pulcro, el jugador español ostenta el dudoso galardón de ser uno de los futbolistas más provocador de La Liga de España. Sus números en el fútbol profesional hablan por sí solos:

Partidos Oficiales Tarjetas Amarillas Expulsiones Directas
244 69 3

Nota: Con un promedio alarmante de amonestaciones para su posición, Baena registra casi una tarjeta amarilla cada tres partidos disputados. Un historial que destruye cualquier relato de “fútbol lírico e inocente”.

El violento antecedente de provocación humana: el caso Valverde

La hipocresía mediática española alcanza niveles grotescos al omitir quién es verdaderamente Álex Baena fuera y dentro de la cancha. Cabe recordar que este “inocente” futbolista arrastra un oscurísimo historial de provocaciones que supera lo estrictamente deportivo. El episodio más recordado ocurrió tras un partido de La Liga, cuando Baena protagonizó un violento altercado con el volante charrúa Federico Valverde.

En aquella ocasión, la agresión del jugador de la Celeste no nació de la nada: respondió a una deleznable y repudiable frase que Baena le propinó en pleno partido sobre su hijo, que en ese momento estaba por nacer y atravesaba serios problemas de salud junto a su madre, Mina Bonino. “Llora ahora que tu hijo no va a nacer”, fue la brutal provocación verbal que el español habría soltado en la cancha. La bajeza humana fue tal que, al término del encuentro en el Santiago Bernabéu, Valverde fue directamente a encararlo al estacionamiento del estadio para plantarse por su familia ante semejante muestra de crueldad. Sin embargo, para los comunicadores madrileños, el “malo” de la película siempre es el sudamericano. ¿Por qué otro motivo iría Valverde a encararlo?

Desde luego que lo de Canobbio merecía la expulsión, pero antes de salir a dictar cátedra de Fair Play en el fútbol internacional y hacer el ridículo frente a la opinión pública, el periodismo deportivo español debería mirar primero lo que pasa en su propia casa. Menos hipocresía mediática y más honestidad intelectual a la hora de analizar el juego.

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