La página de humor de Paco Tilla.-
El fútbol es esa ciencia exacta donde juegan once contra once y siempre nos terminan amargando la existencia entre vecinos. Lo de esta eliminación de Uruguay no es solo un tropiezo, es una obra maestra de la paradoja rioplatense.
Dos argentinos terminaron siendo los arquitectos del éxodo celeste.
Sí, el mismísimo Marcelo Bielsa —quien se autodefine como un “tóxico” con el manual del sufrimiento bajo el brazo— y el inefable arquero argentino convertido en oriental y que en los tres palos emuló a la mismísima Venus de Milo (por aquello de no tener manos para agarrar una pelota).
Pero seamos justos, muchachos: la culpa no es toda del asado importado. Hubo una formidable “colaboración local” para armar las valijas temprano:
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Federico Valverde: Un motor de Fórmula 1 en Europa que cuando se pone la Celeste regula a GNC.
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Agustín Canobbio: Entra descontrolado, pega un par de patadas dignas de taekwondo, no termina una jugada y se hace expulsar para ver el segundo tiempo más cómodo desde las duchas.
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Darwin Núñez: El delantero fantasma. Lleva meses sin ver un minuto de juego en su equipo y vino al Mundial a hacer ayuno de gol.
El “Tour de Lesionados” de Bielsa
Mención aparte merece la agencia de viajes en la que Bielsa transformó a la selección, llevando un contingente de turistas VIP con viáticos pagos que solo vieron el césped en fotos de Instagram:
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Ronald Araújo: El eterno “becado”. Logró el récord Guinness de ir a dos Mundiales seguidos en calidad de espectador de lujo en primera fila, sin sumar un solo minuto por sus ya tradicionales nanas físicas.
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Giorgian De Arrascaeta: Ocupó un lugar en el plantel sabiendo todos —Bielsa incluido, que lo admitió con total impunidad— que no estaba para jugar ni al playstation.
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Piquerez y Josema Giménez: Excelentes cebadores de mate. Vieron el Mundial tan de cerca desde el banco que casi tienen que pagar entrada.
Desde España, un ignoto relator, Manolo Lama de la COPE, no entiende que fútbol es un deporte de contacto y derrama lágrimas sobre el juego fuerte de Uruguay. ¡Lama, vete a trasmitir desfile de modas!
La hora de los miserables: El festejo “miedoso” en Dallas
Mientras tanto, en tierras tejanas se desató el festival de la osadía ajena. Cientos de hinchas argentinos se juntaron en Dallas frente a una pantalla gigante no para alentar a los suyos, sino para ver el partido de Uruguay contra España. Al concretarse la derrota celeste, descorcharon un arsenal de cánticos finos y elegantes como: “Sos una provincia, uruguayo chupa pi*”*.
Lo divertido de la psicología del vecino es que, entre insulto y festejo, se les notaba el revés de la trama. Celebraban que ahora les toca cruzarse con Cabo Verde mientras respiraban aliviados por no tener que cruzarse con la Celeste. Una demostración de esa “valentía rioplatense” que aflora solo cuando el rival ya está en el piso. Más miserables no se consiguen en el mercado internacional, pero al menos nos dejan una certeza: nos siguen teniendo un pánico bárbaro.
En definitiva, entre la toxicidad táctica de Bielsa, las manos de estatua en el arco y un plantel local que – salvo excepciones – se tomó el torneo como unas vacaciones pagas en el hemisferio norte, Uruguay se despidió. Eso sí, la mística no se pierde: nos volvemos temprano, pero habiendo asustado a los de enfrente sin mover un dedo.











