Por Paco Tilla.-
En un nuevo capítulo de la ya clásica telenovela de la política argentina, la vicepresidenta Victoria Villarruel protagonizó un momento de alta tensión (y para muchos, de comedia involuntaria) durante el último acto oficial. Según trascendió en los pasillos de la Casa Rosada, la funcionaria estalló en furia porque el presidente Javier Milei, en la ceremonia central por el Día de la Bandera, pasó de largo sin dedicarle el saludo protocolar, un desplante que la dejó con el saludo en el aire y un berrinche digno de una nena caprichosa, a pesar de sus bien llevados años.
La indignación de la “vice” generó risas y comentarios irónicos en las redes sociales, donde no tardaron en recordarle que las relaciones políticas se construyen con coherencia, una virtud que, aparentemente, no estaría figurando en su agenda reciente.
Declaró que “Es un mensaje pésimo que no haya saludo, que no haya invitación, que haya esta segregación”, dijo, aunque nadie le prohibió que fuera al acto.
Quienes observan de cerca sus movimientos señalan que la vice opera contra el gobierno y todavía espera que la saluden y que, además, la memoria de Villarruel parece ser bastante selectiva. Hace no mucho tiempo, la vicepresidenta acariciaba la ilusión de desplazar al mandatario y quedarse con el poder absoluto, una ambición que quedó archivada tras chocar con la realidad. Pero sus desvaríos ideológicos no terminan ahí.
El archivo, ese implacable enemigo de los políticos, volvió a jugarle una mala pasada: los usuarios recordaron con humor e ironía cómo en el año 2016, Villarruel utilizaba su cuenta de Twitter para exigir con vehemencia la condena de María Estela Martínez de Perón, por los delitos cometidos durante su gestión.

Sin embargo, en un giro argumental digno de la mejor ficción absurda, unos años después viajó a Madrid a visitarla, la elogió públicamente en el día de la lealtad peronista y hasta inauguró un busto en su honor en el mismísimo Senado de la Nación.

Con semejante historial de piruetas ideológicas, muchos analistas de café coinciden en que los patitos en ese cerebro parecen estar jugando en posiciones bastante desalineadas. Tras consolidarse abiertamente como la principal enemiga interna de quien la impulsó a los primeros planos de la política nacional, ahora pretende que la reciban con alfombra roja y saludos cordiales. ¡Qué olvidadiza y pretenciosa resultó esta muchacha!













