Caracas, 30 jul (Sputnik).- A seis días de cumplirse el primer mes del doble terremoto que sacudió a Venezuela, la capital aún exhibe las marcas de la tragedia que dejó al menos 5.546 muertos en todo el país.
En la localidad de San Bernardino, una de las zonas más afectadas de Caracas y donde se registró el mayor número de víctimas, el paisaje comienza lentamente a recuperar la normalidad, mientras avanzan las labores de demolición de estructuras colapsadas y la reparación de edificios que sufrieron daños parciales.
En un recorrido hecho por la Agencia Sputnik, Abraham Guzmán Llamozas, residente de la edificación Trabajo y Patria, que alberga 144 apartamentos, relató que una brigada de la Alcaldía de Caracas adelanta labores de reparación en el edificio. Según explicó, los trabajos comenzaron luego de que “presuntamente llegaron ingenieros e hicieron el levantamiento (inspección)”.
Apostado en las inmediaciones de su edificio, el ciudadano relató que él y sus vecinos aún permanecen durmiendo en carpas mientras esperan la culminación de los trabajos de reparación.
En un balance presentado días después del evento sísmico, la alcaldesa de Caracas, Carmen Meléndez, confirmó que San Bernardino fue la localidad más afectada de la capital, al concentrar 45 de los 69 fallecidos registrados en la ciudad.
Pese a este panorama, la comunidad mantiene sus esfuerzos por retornar a la normalidad.
En la avenida Los Próceres, justo al lado de lo que fue el Edificio Rita —una de las cuatro estructuras colapsadas—, se encuentra la Frutería Juvenal, un local con más de 30 años de historia que se convirtió en un punto de encuentro para los vecinos.
En el interior del comercio, esta agencia conversó con Sharon Plata, quien, mientras atendía a varios clientes, relató que desde hace casi dos semanas están trabajando nuevamente “y al mismo tiempo arreglando todos los daños que trajo el terremoto”.
“Gracias a Dios no fuimos tan afectados, pero poco a poco vamos arreglando y retomando las labores acá, las labores comerciales. Y bueno, nada, gracias a Dios también los proveedores me han ido despachando poco a poco porque también había de un tema como la calle estaba cerrada, no habían venido más”, indicó.
No obstante, la joven manifestó que el impacto económico es solo una cara de la moneda, al asegurar que la parte humana es compleja de digerir, debido a los vínculos que construyó durante años con los vecinos del Edificio Rita.
“Es súper difícil porque hay gente que ves todos los días que tratas todos los días que si necesitan algo te escriben, te llaman realmente se socializa mucho con ellos más allá de que sean clientes y es bastante difícil y duro no verlos ahí o no ver el espacio todo, pues porque somos una comunidad y de verdad que por lo menos acá somos bastante unidos”, expresó.
Plata valoró “el hecho de que personas vinieran de distintos lugares a ayudar a la gente de acá al lado”, al referirse a las jornadas de recuperación de cuerpos que duraron más de 20 días.
A unas cuantas cuadras, esta agencia se encontró con Erimar Díaz, una enfermera que trabajaba en el Instituto Diagnóstico de San Bernardino y que acababa de salir del centro médico, donde formalizó la culminación de su relación laboral debido a que el establecimiento quedó severamente afectado por los sismos.
Díaz murmuró que pese a no sufrir daños en su hogar (cercano al instituto), su vida se vio afectada al quedarse sin el empleo que le permitía “sostener” los gastos de su familia.
A más de un mes de la tragedia, Venezuela aún intenta recuperarse del impacto de los sismos de magnitudes 7,2 y 7,5 que estremecieron al país el pasado 24 de junio y dejaron al menos 5.546 muertos, según cifras oficiales.
Los movimientos telúricos, separados por apenas 39 segundos, fueron considerados la peor catástrofe de este tipo en más de un siglo en Venezuela y dejaron una huella que todavía permanece visible en lugares como San Bernardino. (Sputnik)










