Templos de masa y queso: La historia viva de dos pizzerías emblemáticas de Buenos Aires, Güerrín y Banchero

Ni Güerrín ni Banchero son simples comercios gastronómicos: son auténticos monumentos culturales de la Ciudad de Buenos Aires. Entre el vapor del quebracho, la cebolla dorada y el crujido de la masa, ambas pizzerías resguardan la esencia del verdadero encuentro urbano argentino

0
5
Avda. Corrientes en Buenos Aires y la gran oferta gastronómica de dos pizzerías emblemáticas de la ciudad - Foto: ICN Diario

El año 1932 quedó grabado a fuego en la mitología urbana de Buenos Aires. En una ciudad que mutaba al ritmo del tango, el tranvía y la inminente ensanchada de la Avenida Corrientes, dos familias de inmigrantes italianos encendieron, casi en simultáneo, las brasas de una tradición gastronómica que definiría para siempre la identidad porteña.

Güerrín: La catedral del fuego sagrado en Avenida Corrientes

La pizzería Guerrín en la Avda. Corrientes de Buenos Aires – Foto: ICN Diario

Cuatro años antes de que el Obelisco se erigiera en el cruce de Corrientes y 9 de Julio, los inmigrantes genoveses Franco Malvezzi y Guido Grondona abrieron un modesto local en Corrientes 1368. Lo bautizaron Güerrín, una voz de la Liguria que evocaba la leyenda de un héroe popular que ayudaba a los desposeídos. En sus comienzos, el lugar no era más que un mostrador angosto volcado hacia la vereda, ideado para que trabajadores, transeúntes y noctámbulos del centro devoraran una porción de parado antes de seguir camino.

El corazón latente de Güerrín siempre fueron sus hornos alimentados a leña. Con temperaturas que rozan los 400 grados, estos gigantes de piedra nunca apagaron del todo su llama desde el día de su inauguración. Allí nació la pizza “al molde” por excelencia: una masa esponjosa y alta de base dorada y crocante, cubierta por una cantidad descomunal de muzzarella que chorrea por las porciones.

La fila constante de público esperando mesa libre – Foto: ICN Diario

Con el paso de las décadas, sus salones revestidos de mosaicos venecianos, madera y mármol travertino pasaron a albergar la bohemia teatral de la calle Corrientes. Figuras como Alberto Olmedo, Jorge Porcel, Tato Bores y Susana Giménez convirtieron el ritual de la pizza al paso con fainá y vaso de moscato en un paso obligado tras el término de las funciones.

Banchero: La alquimia de La Boca y el nacimiento de la fugazzeta

Banchero en Avda. Corrientes, largas esperas para conseguir mesa – Foto: ICN Diario

Mientras el centro afianzaba su ritmo nocturno, en el barrio de La Boca la historia se amasaba con aroma a puerto. A fines del siglo XIX, Don Agustín Banchero había emigrado desde Recco, cerca de Génova, para instalar la panadería Riachuelo. Sin embargo, fue su hijo Juan Banchero, junto a sus propios hijos Tito y Antonio, quien dio el salto definitivo el 28 de marzo de 1932 al inaugurar la pizzería en la esquina de Almirante Brown y Suárez.

En esa esquina ocurrió un hito culinario 100% argentino. Al notar que la tradicional fugassa genovesa (focaccia con cebolla) resultaba seca para el paladar local, Juan Banchero decidió cortar la masa al medio y rellenarla generosamente con queso. Así nació la fugazzeta, una creación propia que revolucionó la pizza en el país y convirtió a Banchero en su casa matriz indiscutida.

Las deliciosas pizzas con muzzarella y las fugazzetas – Foto: ICN Diario

Banchero se transformó de inmediato en la cantina y punto de encuentro boquense. El célebre pintor Benito Quinquela Martín —íntimo amigo de la casa—, Luis Sandrini, Tita Merello y hasta una joven Eva Duarte frecuentaban sus mesas. Años más tarde, en 1967, la firma desembarcó en el microcentro con su emblemática sucursal de Corrientes y Talcahuano, llevando la mística del puerto a las luces del espectáculo porteño.

El legado incombustible del molde porteño

Casi un siglo después de sus primeras hornadas, ni Güerrín ni Banchero son simples comercios gastronómicos: son auténticos monumentos culturales de la Ciudad de Buenos Aires. Entre el vapor del quebracho, la cebolla dorada y el crujido de la masa, ambas pizzerías resguardan la esencia del verdadero encuentro urbano argentino.