NACIONES UNIDAS — El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, advirtió este martes ante la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sobre el resurgimiento de «tentaciones hegemónicas» en América Latina y el Caribe, en una intervención centrada en la defensa de la soberanía regional frente a presiones externas. Sin embargo, el mandatario evitó pronunciarse sobre el grave deterioro institucional de la Justicia brasileña, inmersa en un severo escándalo por las presuntas conexiones entre magistrados del Supremo Tribunal Federal (STF) y el fraude vinculado al banquero Daniel Vorcaro, hoy preso en el caso del Banco Master.
Durante su alocución, Lula se refirió de forma implícita a Estados Unidos al señalar la «proximidad geográfica con la mayor potencia militar del mundo» y sentenció que «Brasil no cabe en el patio trasero de nadie». El mandatario defendió la necesidad de entablar alianzas que impulsen el desarrollo socioeconómico en lugar de subordinaciones geopolíticas, al tiempo que denunció las interferencias en procesos electorales, la división global en zonas de influencia y las incursiones extranjeras en busca de recursos estratégicos.
En el plano comercial, cuestionó el uso recurrente de aranceles como mecanismos de presión y chantaje político. En ese sentido, alertó que la Organización Mundial del Comercio (OMC) atraviesa un deterioro crítico y se encuentra «con respiración asistida» a causa de los gobiernos que ceden ante medidas coercitivas unilaterales.
En materia de seguridad interna, rechazó las estrategias predominantemente militares contra la delincuencia transnacional. «No necesitamos portaaviones vigilando nuestras aguas», afirmó Lula, abogando en su lugar por fortalecer los mecanismos de cooperación internacional orientados a rastrear y cortar los flujos de armas y de dinero que sustentan a las organizaciones criminales.
Postura sobre las crisis de la región
Al repasar la agenda geopolítica latinoamericana, el jefe de Estado brasileño abordó los principales focos de tensión política y económica:
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Venezuela: Defendió la autodeterminación del país caribeño al señalar que «el pueblo venezolano merece definir su propio destino».
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Nicaragua: Cuestionó la deriva autoritaria del régimen al sostener que «no resolverá sus problemas impidiendo que la oposición participe en las elecciones».
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Cuba: Denunció el embargo económico y energético que pesa sobre la isla, calificándolo como un «castigo colectivo» infligido a diez millones de personas.
La contundencia de las declaraciones de Lula en el foro internacional contrastó con su reserva sobre el panorama interno de Brasil, donde el STF atraviesa un pronunciado descrédito público en medio de investigaciones que salpican a la alta magistratura del país.













