Análisis | Los errores que el Sistema Nacional de Emergencia de Uruguay no debería cometer ante El Niño

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Los lugares inundables según el Sinae

Por Facundo Ordeig.-

El Sistema Nacional de Emergencias recomendó a la ciudadanía, el pasado 12 de Octubre, contar con un bolso preparado para emergencias así como también un acuerdo familiar para cómo actuar en caso de vivir una, lo cual, debe destacarse. Es necesario en el contexto de El Niño, en especial para quienes viven en zonas inundables pero por esta misma razón me encuentro en la obligación – tanto ética como profesional –  de señalar una serie de errores que se encuentran cometiendo.

En primer lugar, la comunicación institucional, porque considerando que en el diagnóstico de la Dirección Nacional de Aguas se establece que ciento cincuenta y siete localidades de nuestro país corren riesgo de sufrir inundaciones, siendo que trece de las veinticuatro zonas con más riesgo resultan ser capitales departamentales, la recomendación debió ser dada a través de una conferencia de prensa. En vivo. No a través de un comunicado en la web del organismo pues a pesar de haber sido acompañado con publicaciones en sus redes sociales, tardó entre tres a cinco días en ser informado por los medios de comunicación, en los cuales, pese a ser visto, no captó la atención y en menos de 48 horas perdió su relevancia entre la cantidad de noticias que se publican día a día.. Pero, ¿una conferencia de prensa no habría generado preocupación o alarma?

Es una pregunta válida, más aún cuando se trata de una recomendación; no de una alerta ni de un llamado a la acción, lo reconozco. Sin embargo, la preocupación o la alarma se producirían en caso que el mensaje no sea claro en cuanto a la intención, por lo que hubiera bastado centrar la conferencia en cuáles son los beneficios de tener un bolso preparado para emergencias, de tener un acuerdo entre nuestros familiares o entre quienes habitan una misma casa, no de las consecuencias o los riesgos, los cuales, se abordarían de manera indirecta a medida que se explica. De esta manera, el individuo no centra su atención en el peligro que puede correr, sino en aquello que él o ella puede controlar junto a sus seres queridos, en aquello que pueden evitar, reduciendo así el sentimiento de indefensión que luego se traduce en preocupación o alarma, mientras que se los invita a informarse en las páginas oficiales y en las redes institucionales.

En segundo lugar, el contenido del bolso de emergencia, donde debemos tener a resguardo aquellos elementos que se consideran de primera necesidad en las primeras 72 horas en las que se realiza una evacuación, la cual, debemos ser conscientes que podría suceder antes, durante o después de un desastre natural. Y mientras que a nosotros nos otorga recursos para nuestra seguridad, para nuestro bienestar, permite que el Estado y aquellas organizaciones que estén colaborando con los damnificados actúen de manera más eficiente tanto en los centros de evacuados como en las operaciones de rescate, de atención médica e incluso de asistencia psicológica, razones por las que no puedo evitar preguntarme por qué razón no se cumple con los estándares internacionales, aunque quizá, la pregunta correcta debería ser quién tomó una decisión que es irresponsable desde una perspectiva técnica.

Pero centrándonos una vez más en el contenido – porque no pretendo que este artículo sea político – , lo primero que debo mencionar es que el Sistema Nacional de Emergencia pareciera no haber tenido en cuenta que en una zona inundable suele haber interrupciones parciales o totales del suministro eléctrico, lo cual, en conjunto con problemas de conectividad e incluso con la avería de cajeros automáticos o sistemas de cobro, convierte las tarjetas de débito, crédito o de asistencia del Ministerio de Desarrollo Social en plástico. Un elemento importante pero no práctico, siendo que en la checklist que tienen disponible en línea debería estar incluido el dinero en efectivo, el cual, debe estar guardado dentro de una bolsa de plástico con cierre hermético. Todos sabemos cuales, aunque no se nombre la marca.

Por otra parte, aunque en el documento recomiendan incluir libros o juguetes, lo que podría haber sido ignorado o incluso podría haber sido criticado por quienes no tienen en cuenta que representan elementos claves para la contención emocional, la cual, a su vez permite reducir los problemas de convivencia entre las decenas o centenas de personas que se encuentran en un centro de evacuados, el organismo olvida mencionar que el bolso de emergencias de un adulto no debería pesar más de entre siete a diez kilogramos mientras que el de un niño o un anciano no debería pesar más de cinco. Un recordatorio que podría parecer irrelevante pero que, de no tener en cuenta, no sólo afectará nuestra movilidad sino que complicará aún más la tarea de los rescatistas y que no debe asumirse que la ciudadanía sabrá.

En este sentido, también debe considerarse que aunque el Sistema Nacional de Emergencias recomienda incluir una muda completa de ropa, lo correcto de acuerdo a la Cruz Roja y la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias de los Estados Unidos, entre otras, es que el bolso de emergencias cuente con dos mudas completas de ropa además de varios pares de medias y de ropa interior limpia para mantener nuestra temperatura corporal mientras que reducimos la probabilidad de desarrollar hongos, infecciones bacterianas a raíz del contacto con agua contaminada, humedad prolongada y problemas de higiene que, a su vez, pueden convertirse en problemas de convivencia en los centros de evacuados. Por lo que, aunque debemos incluir libros o juguetes por lo antes mencionado, nuestra prioridad debería encontrarse en este punto, porque la contención emocional no es posible si se descuida la salud física.

En tercer lugar, el contenido del botiquín de primeros auxilios, el cual, como mencioné con respecto al bolso de emergencias, debería servir para mantener a resguardo aquellos elementos que se consideran de primera necesidad en las primeras 72 horas en las que se realiza una evacuación, la cual, a su vez, debemos ser conscientes que podría suceder antes, durante o después de un desastre natural. Un concepto que me encuentro obligado a repetir, no para ti, lector/lectora, sino porque no encuentro otra manera de destacar la gravedad que en el checklist del organismo sólo se mencionen tijeras, un termómetro, vendas y gasas. Elementos que deben estar, por supuesto, pero que en sí mismos no atienden ni previenen el riesgo de contraer una infección en una herida que estuvo en contacto con agua contaminada, para lo cual primero se debe limpiar la zona con un antiséptico que el Ministerio de Salud Pública recomiende, debido a que por cuestiones legales no me corresponde nombrarlos pese a conocer los más comunes.

Por otra parte; aunque bien podría nombrarse la necesidad de incluir una cinta hipoalergénica para mantener la gasa o la venda en su sitio o los guantes de látex o de nitrilo para no estar en contacto con la sangre de otra persona en caso que sepamos tratar una herida, y teniendo en cuenta que en una inundación suele aumentar la probabilidad de contraer una infección gastrointestinal por haber estado en contacto con agua estancada y/o contaminada, debería mencionarse aquello que se volvió indispensable para cada uno de nosotros durante la pandemia de COVID 19, el alcohol en gel, puesto que sanitizar nuestras manos antes de tomar agua, comer o llevarnos la mano a la cara, o la de un niño o un bebé resulta indispensable para reducir las probabilidades de contagio.

Y en esta misma línea de pensamiento, aunque no siendo parte del botiquín de primeros auxilios pero considerando que las probabilidades de contraer una infección genitourinaria también aumenta tanto en zonas inundadas como en centros de evacuados, corresponde reconocer que el Sistema Nacional de Emergencias haya incluido dentro de su checklist a los productos de higiene menstrual y a las toallitas húmedas.  Sin embargo, como mencioné anteriormente, no debe asumirse que la ciudadanía sabrá que no todas las toallitas húmedas deberían ser utilizadas en la zona íntima. En este sentido, en caso de necesidad, cualquiera puede utilizarse para razones de higiene pero al momento de prepararnos, y en especial al momento de recomendar, lo correcto de acuerdo a los estándares internacionales habría sido nombrar las toallitas húmedas y las toallitas húmedas íntimas por separado, aunque basta con que no contengan alcohol ni perfumes, los cuales, al irritar tanto la piel como la mucosa expuesta a bacterias – tanto de nuestro organismo como del medio ambiente – por un uso continuado o frecuente, aumenta la probabilidad de contraer la infección que buscamos prevenir. Lo cual, a su vez, si nos ponemos estrictos en cuanto a los estándares, también debería nombrarse un jabón de glicerina que no contenga aromatizantes

Pero ¿todo lo que he mencionado, además de lo que el SINAE recomienda, no resulta demasiado costoso para que cada familia deba tener uno para cada integrante?

Para ser capaz de contestar esta pregunta, debo aclarar que el organismo no menciona en ningún momento que debe ser uno para cada persona pese a que es lo indicado para que ninguno cargue más peso del necesario, para que cada integrante tenga aquello que necesita a mano sin depender de terceros así como también para reducir las consecuencias en caso que el bolso sea extraviado, robado o alcanzado por el agua, pero ser capaces de prepararnos para una situación de riesgo no debería estar limitado por la economía de cada uno de nosotros.

Este, es quizá el punto más importante, porque contando con la información recabada a través del censo realizado por la administración anterior, en conjunto con los informes territoriales, meteorológico e históricos con los que cuentan distintas reparticiones nacionales y departamentales, el Sistema Nacional de Emergencias debería estar entregando tanto las mochilas impermeables necesarias como los insumos básicos realmente necesarios a quienes se encuentran en las zona de riesgo alto, quienes a su vez, en buena parte de las localidades tienden a ser personas en situación de vulnerabilidad económica. De nada sirve la tarjeta de asistencia del Ministerio de Desarrollo Social cuando en el contexto de El Niño, la asistencia para prevenir, no llega, y aunque se proclame que “la resiliencia empieza en casa”, no en todas las casas se tiene la misma oportunidad.