Un impulso de esperanza: La visita del Papa León XIV trasciende la fe y nos abraza a todos

Una ola de esperanza sobre el Uruguay: el histórico regreso de un Papa a nuestra Patria

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Por Carlos Iafigliola (Especial para ICN Diario).-

Un momento de inmensa esperanza vive nuestra Patria y toda América Latina. Quienes profesamos la fe católica, pero también quienes aman a este país y reconocen la magnitud histórica de ciertos acontecimientos, no podemos ocultar la emoción ante la inminente llegada a Uruguay de Su Santidad, el Papa León XIV.

En lo personal, esta visita me desborda de felicidad y revive en mi memoria recuerdos imborrables. En 1987, siendo apenas un joven militante de la querida Parroquia de Belén —comunidad que representa el centro de mi vida y que en ese entonces caminaba bajo el guía entrañable del Padre Élizaga—, me tocó participar en la organización de la histórica primera venida de un Pontífice a nuestro país: San Juan Pablo II. En aquellos días estaba de novio con Annie, mi esposa; nos casamos al año siguiente, en 1988, y vivimos toda esa experiencia con una intensidad tremenda.

Imposible olvidar el paso de Juan Pablo II por la avenida 18 de Julio en el papamóvil, o aquella multitudinaria Misa en Tres Cruces vibrando al cante de “¡Juan Pablo II, te quiere todo el mundo!”. La gracia se multiplicó al año siguiente, en 1988, cuando volvió a visitarnos. Estuvimos en primera línea en la histórica jornada del Estadio Centenario y luego tuvimos el privilegio de integrar la comitiva de jóvenes que lo acompañó en su gira por el interior: Florida, Cerro Largo (Melo) y Salto.

Recuerdo con especial emoción la celebración en Florida, donde se ordenaron varios sacerdotes. Entre ellos estaban entrañables amigos como el actual Obispo de Maldonado, Monseñor Milton Trócoli, y el querido Padre Eliomar Carrara, hoy al frente de nuestra comunidad de Belén. De aquella inolvidable primera visita del 87 guardo como un tesoro el Rosario que Juan Pablo II nos obsequió a quienes trabajamos en el equipo organizador.

La Providencia nos tenía reservado otro regalo años más tarde. En agosto de 2013, recién iniciado el pontificado de Francisco, fui invitado a un Congreso de Legisladores Católicos en Roma. Gracias al apoyo lleno de amor de mi suegro Milton, Annie pudo viajar conmigo. Al concluir el encuentro en el Vaticano, vivimos un momento único: pudimos estrechar la mano del Papa Francisco.

Ibamos vestidos de traje y gala, pero con el termo y el mate en el brazo. Al vernos acercar, Francisco sonrió y exclamó: «¡Uruguayos!». Con mi irreverencia habitual, no dudé en decirle que estaba bebiendo un mate amargo. El Santo Padre, entre risas, me respondió: «Me muero por tomar un amargo, pero ya rompí muchas veces el protocolo hoy y no lo quiero romper una vez más; disfrútenlo ustedes, ¡qué cosa rica el mate amargo!». En esa ocasión nos regaló dos rosarios; nos quedamos con uno y el otro se lo obsequiamos al Padre Élizaga a nuestro regreso, en medio de una verdadera fiesta comunitaria.

El Papa Francisco y el mate amargo

Hoy, la historia nos vuelve a bendecir. Nos preparamos para recibir una nueva visita de un Papa que pisará suelo uruguayo. Durante tres días intensos —viernes 6, sábado 7 y domingo 8— el Papa León XIV estará con nosotros. La expectativa en nuestro hogar es enorme: ya tenemos las entradas para acompañarlo en el Estadio Centenario el sábado 7 junto a Annie, nuestras hijas Mariana y Noelia, y nuestra nieta mayor, Julia, de ocho años. Las tres generaciones unidas en una misma fe. Y el domingo 8 viajaremos junto a la comunidad de Belén rumbo a Florida para estar nuevamente a su lado.

La llegada de León XIV es una bendición que trasciende fronteras institucionales y credos religiosos. Es un acontecimiento histórico de primer nivel para creyentes, personas de otras confesiones y ciudadanos sin fe religiosa. No muchos países en el mundo han tenido la dicha de ser visitados por tres Pontífices (1987, 1988 y 2026).

Uruguay necesita esta inyección de fe, optimismo y valores. Ante el avance de ideologías que desgastan el tejido social y en medio de una intensa batalla cultural, la presencia del Papa representa un impulso vital de esperanza y fraternidad para sacudir a nuestra sociedad y proyectarla con fuerza hacia el futuro. Será un torrente de energía para las familias, para los nacidos en este suelo y para tantos hermanos de distintas partes del mundo que hoy han hecho de Uruguay su hogar.

Esperamos al Papa León XIV con los brazos y el corazón abiertos, seguros de que su visita dejará una profunda y duradera bendición sobre nuestra patria.