Lula da Silva baja los decibeles y apuesta por el pragmatismo ante el giro a la derecha en Sudamérica que lo aíslan en la región

Ante lo que analistas consideran un escenario donde el mandatario brasileño queda "acorralado" por los nuevos liderazgos conservadores, el Palacio de Planalto ha optado por bajar los decibeles de su retórica ideológica radical

0
3
Asunción, 30 de junio de 2026 - El Presidente de la República, Luiz Inácio Lula da Silva, acompañado por el Presidente de Paraguay, Santiago Peña, llega a la sesión plenaria de la 68.ª Cumbre de Presidentes del Mercosur, Países Asociados e Invitados Especiales. Foto: Ricardo Stuckert/PR

BRASILIA.– El gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva se encuentra ante un nuevo e inesperado escenario geopolítico en la región. Tras las recientes victorias de Keiko Fujimori en Perú y de Abelardo De La Espriella en Colombia, que se suman a la llegada al poder de representantes de derecha en Chile, Ecuador y Bolivia el año pasado, el mapa político de Sudamérica ha dado un vuelco radical.

Este giro deja a Brasil en una posición de relativo aislamiento en el subcontinente, situándose únicamente junto a Uruguay como los principales representantes del sector izquierdista en la región. Para un mandatario que históricamente ha utilizado plataformas como el Foro de São Paulo para articular e impulsar la agenda de la izquierda latinoamericana —fustigando con dureza a los gobiernos de signo contrario—, el nuevo panorama ha obligado a un replanteo estratégico de su política exterior.

Ante lo que analistas consideran un escenario donde el mandatario brasileño queda “acorralado” por los nuevos liderazgos conservadores, el Palacio de Planalto ha optado por bajar los decibeles de su retórica ideológica radical. En su lugar, Brasilia busca rehacer y asegurar los vínculos a través de una agresiva apuesta por las relaciones bilaterales de carácter estrictamente pragmático.

Agendas inmunes a la ideología

Luiz Inácio Lula da Silva, durante una reunión bilateral con el derechista Presidente de Chile, José Antonio Kast – Foto: Ricardo Stuckert / PR

Según fuentes del gobierno brasileño, la nueva composición política de la región no debería dinamitar los puentes con Perú, Ecuador, Chile, Colombia y Bolivia. La evaluación de la administración de Lula es que los intereses mutuos deben prevalecer sobre las diferencias partidarias.

La estrategia se centrará en una agenda “inmune a la ideología”, enfocada en áreas de mutuo beneficio como:

  • Infraestructura: Proyectos clave como los corredores bioceánicos para conectar comercialmente el Océano Pacífico con el Atlántico.

  • Energía: Cooperación e interconexión energética regional.

  • Seguridad: Cooperación fronteriza y lucha conjunta contra el crimen organizado transnacional.

  • Gestión de crisis: Alianzas de asistencia mutua para hacer frente a los desastres naturales derivados del cambio climático.

La excepción argentina

El pragmatismo que Brasilia intenta proyectar hacia sus vecinos del Pacífico y del norte andino encuentra, sin embargo, un límite claro en el Cono Sur. El Palacio de Planalto reconoce que la única gran excepción a esta diplomacia de acercamiento sigue siendo el gobierno de Javier Milei en Argentina.

A diferencia de los nuevos mandatarios de la región, la postura de la Casa Rosada se mantiene en una línea de abierta hostilidad hacia el ejecutivo brasileño, lo que dificulta la desideologización de los temas binacionales en el eje Buenos Aires-Brasilia.

Pero esa intransigencia es la misma que Lula aplica con Argentina.

Acorralado por la soledad ideológica, el presidente brasileño inicia así una prueba de fuego para su diplomacia: demostrar si el peso económico y el liderazgo histórico de Brasil son suficientes para mantener la cohesión regional, o si las profundas diferencias con los nuevos gobiernos de derecha y ultraderecha terminarán por fracturar la integración sudamericana.