El increíble caso de los activistas con “pasaje de vuelta” aéreo que sin comerla ni beberla lo pagan los contribuyentes (Video)

Una "misión humanitaria" a Gaza a la que nadie los envió, iniciada por decisión estrictamente personal, pero que mágicamente debe ser patrocinada por el contribuyente uruguayo. Una lógica impecable: yo elijo la aventura, tú pagas la logística. Es, esencialmente, una burla para quien se ve obligado a financiar causas ajenas por el simple hecho de que los protagonistas decidieron autodenominarse "humanitarios"

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Foto: Coalición de la Flotilla de la Libertad (FFC)

Por Paco Tilla.-

Parece que en Uruguay la aventura y el compromiso social vienen con una cláusula de rescate premium. La reciente travesía de dos compatriotas en la “Flotilla de la Libertad” rumbo a Gaza ha despertado algo más que conciencia política: ha despertado la furia del contribuyente que no recuerda haber votado un rubro de “Turismo de Riesgo con Seguro Estatal” en el presupuesto nacional.

El senador nacionalista Sebastián Da Silva, fiel a su estilo de llamar al pan, pan, y al idealista, “nene de mamá”, no tardó en desenfundar la lógica que muchos ciudadanos mastican en silencio mientras pagan la factura de la luz: ¿Por qué el Estado tiene que financiar el regreso de quienes se buscan problemas por cuenta propia?

¿Activismo o vacaciones de riesgo pagas?

La premisa de Da Silva fue tajante: si decides subirte a un barco para desafiar bloqueos militares en el Mediterráneo, se asume que llevas contigo convicciones, valentía y, sobre todo, el dinero del boleto de vuelta. El legislador no tuvo filtros al etiquetarlos como “nenes de mamá y de papá jugando a ser jipis”, sentenciando que, si necesitan volver, “que se lo pague su mamá o su papá, pero no el Estado uruguayo”.

“Bajando al barro”

La respuesta de los involucrados no se hizo esperar, aunque llegó con un toque de distinción intelectual. Uno de ellos, en diálogo con Aire Rico (Del Sol FM), decidió aplicar la técnica de la indiferencia selectiva. Al ser consultado sobre los dichos de Da Silva, sentenció con elegancia: “Por tanto, no amerita sinceramente ninguna opinión. Creo que es rebajarme al barro”.

Es fascinante cómo el “barro” parece ser la opinión de un senador que cuestiona el gasto público, pero el “mar Mediterráneo” es un lugar cristalino siempre y cuando haya una red de seguridad diplomática esperando para recogerte si algo sale mal.

La “Misión Humanitaria” de libre elección

Por su parte, otra de las viajeras aportó una visión digna de análisis jurídico-turístico. Remarcó que el Estado tiene la obligación de proteger a sus ciudadanos “en todas partes del mundo”. Y aquí viene la joya de la corona: “Nosotros por estar en una misión humanitaria, nos pagaron el pasaje”, añadió con total naturalidad.

Una “misión humanitaria” a la que nadie los envió, iniciada por decisión estrictamente personal, pero que mágicamente debe ser patrocinada por el contribuyente uruguayo. Una lógica impecable: yo elijo la aventura, tú pagas la logística. Es, esencialmente, una burla para quien se ve obligado a financiar causas ajenas por el simple hecho de que los protagonistas decidieron autodenominarse “humanitarios”.

¿Solidaridad en Gaza o en la esquina?

Da Silva, aterrizando el debate al frío asfalto montevideano, recordó que mientras el Estado se distrae con repatriaciones VIP, hay compatriotas pasando un otoño gélido en nuestras propias calles. El senador cerró con una pregunta que deja poco margen para la retórica: “Miren y saquen sus conclusiones. ¿Vos de qué lado estás con este frío?”.

El dilema queda servido: ¿Es el Estado un salvavidas universal para aventureros ideológicos o debería guardar esa manta para el que tiene frío en la puerta de casa? Por ahora, la revolución uruguaya parece ser un deporte de élite donde la rebeldía se ejerce en el extranjero y la factura se endosa al vecino.

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