BRASILIA – El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, ha manifestado formalmente su apoyo a una posible candidatura de la expresidenta chilena Michelle Bachelet para suceder a António Guterres al frente de la Secretaría General de las Naciones Unidas. Sin embargo, el respaldo del mandatario brasileño ha reavivado un intenso debate regional sobre el desempeño de Bachelet en sus cargos anteriores dentro del organismo internacional.
El eje del respaldo de Lula
Lula defiende que el perfil de Bachelet representa la experiencia diplomática y el liderazgo progresista necesarios para reformar la gobernanza global. Según fuentes cercanas al Palacio del Planalto, el mandatario busca posicionar a una figura latinoamericana —y preferiblemente una mujer— en el puesto más alto de la ONU, consolidando un bloque regional de influencia.
Cuestionamientos a su gestión: “Inoperancia y Omisión”
Pese al entusiasmo de Brasilia, diversos analistas internacionales y sectores de la oposición política en Chile y la región han puesto en duda la idoneidad de la exmandataria. Las críticas se centran en dos periodos clave:
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ONU Mujeres (2010-2013): Se le reprocha una gestión con escasos avances tangibles en la protección efectiva de mujeres en zonas de conflicto y una estructura burocrática que no logró los resultados esperados tras su creación.
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Alta Comisionada para los DD.HH. (2018-2022): Este es el punto más controversial. Analistas señalan que su paso por esta oficina estuvo marcado por una postura “tibia” frente a las crisis democráticas en América Latina.
“Bachelet priorizó el diálogo diplomático estéril por sobre la denuncia firme, lo que terminó otorgando oxígeno político a regímenes autoritarios”, señalan expertos en relaciones internacionales.
Las sombras de Cuba, Venezuela y Nicaragua
El principal argumento de sus detractores es la supuesta condescendencia de Bachelet con los gobiernos de Miguel Díaz-Canel, Nicolás Maduro y Daniel Ortega.
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Venezuela: Aunque su informe de 2019 reconoció violaciones a los derechos humanos, críticos afirman que su respuesta fue tardía y que evitó usar términos contundentes para calificar al sistema político de Maduro.
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Cuba y Nicaragua: Se le acusa de no haber ejercido la presión suficiente ante la represión de protestas sociales, manteniendo una cercanía ideológica que, a juicio de los analistas, comprometió la neutralidad que exige el cargo de Alta Comisionada.
Un camino complejo hacia la Secretaría General
Para llegar a la cima de la ONU, Bachelet no solo necesitará el empuje de aliados como Lula, sino también convencer a los miembros del Consejo de Seguridad de que su liderazgo puede superar la parálisis institucional que enfrenta el organismo.
Mientras el gobierno brasileño calibra su estrategia diplomática, el historial de Bachelet promete ser el campo de batalla donde se definirá si su nombre genera consenso o una fractura definitiva en la región.










