Abascal y VOX en busca de migajas del poder en las elecciones de Andalucía

Al final del día, la actitud de Vox en Andalucía parece confirmar que su interés no es solo influir en las políticas, sino alquilar su apoyo a cambio de ministerios y prebendas, algo que siempre han criticado en otras formaciones

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Portavoz nacional de VOX, José Antonio Fúster - Foto VOX

La postura de Vox ante las próximas elecciones andaluzas pone de manifiesto una estrategia que, para muchos analistas y sectores de la sociedad, supone un desafío directo a la lógica de la representatividad democrática. Al condicionar la gobernabilidad a una entrada obligatoria en el Ejecutivo, incluso si el PP se queda a un solo escaño de la mayoría, el partido de Santiago Abascal parece priorizar el “sillón” sobre la voluntad expresada por los ciudadanos en las urnas.

A continuación, se analizan los puntos más críticos de esta actitud:

1. El “chantaje” a la lista más votada

La democracia parlamentaria se basa en mayorías, pero también en el respeto a la pluralidad y la estabilidad. Que el portavoz José Antonio Fúster desee abiertamente que al PP de Juanma Moreno le falten “cinco o diez” diputados en lugar de uno es sintomático: Vox prefiere un escenario de bloqueo y debilidad institucional porque es el único que les permite forzar una cuota de poder que los votos, por sí solos, no les otorgan. Esta actitud convierte la política en un intercambio mercantil de escaños en lugar de un mandato de servicio.

2. Lo que no se gana en votos, se exige en despachos

Existe una contradicción flagrante en el discurso de Vox:

  • En campaña: Critican la “partitocracia” y el gasto político.

  • Tras las urnas: Su prioridad absoluta es ocupar consejerías y cargos públicos.

Pretender imponer una agenda ideológica radical a un partido que ha recibido un apoyo masivo (como sugieren las encuestas para el PP de Juanma Moreno) es, en la práctica, subvertir la proporcionalidad del voto. Vox busca que su minoría valga tanto como la mayoría del ganador, utilizando el bloqueo como arma de presión.

3. La “política del rencor” y el bloqueo

El deseo de Fúster de que el resultado del PP sea lo suficientemente malo como para necesitarlos refleja una falta de altura de Estado. No se busca lo mejor para Andalucía (estabilidad y gestión), sino lo mejor para el partido (visibilidad y control presupuestario). Esta estrategia del “cuanto peor para el PP, mejor para nosotros” pone en riesgo la puesta en marcha de presupuestos y leyes esenciales para los andaluces, simplemente por una cuestión de orgullo partidista.

En resumen: Una apuesta de alto riesgo

Vox está jugando una carta peligrosa. Al cerrarse a la abstención y exigir el gobierno o el caos:

  1. Enajena al votante moderado que busca soluciones y no conflictos institucionales.

  2. Se quita la careta de “alternativa” para mostrarse como un partido hambriento de poder ejecutivo a cualquier precio.

  3. Regala el relato de la centralidad al PP, que podrá presentarse como la única fuerza responsable frente a los “radicales” que buscan el bloqueo.

Al final del día, la actitud de Vox en Andalucía parece confirmar que su interés no es solo influir en las políticas, sino alquilar su apoyo a cambio de ministerios y prebendas, algo que siempre han criticado en otras formaciones.

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