Bajo la lupa: Las razones detrás de los cuestionamientos al medio de prensa ‘The Intercept Brasil’

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Daniel Vorcaro, Flávio Bolsonaro y Alexandre de Moraes

Las críticas hacia el medio periodístico The Intercept Brasil (TIB), suelen estar polarizadas, reflejando el tenso clima político brasileño. El cuestionamiento principal no es solo sobre la veracidad de la información, sino sobre la intencionalidad política detrás de su publicación donde  presenta una investigación a Flávio Bolsonaro y Daniel Vorcaro.

Los puntos centrales por los cuales diversos analistas y sectores de la sociedad consideran que sus informes tienen un sesgo favorable a la izquierda y al PT:

1. El impacto de la “Vaza Jato”

El trabajo más famoso de The Intercept fue la serie de reportajes conocida como Vaza Jato (2019), que filtró conversaciones privadas entre el entonces juez Sérgio Moro y los fiscales de la Operación Lava Jato.

  • El argumento del sesgo: Los críticos sostienen que el medio publicó estas filtraciones con el objetivo deliberado de deslegitimar la condena de Lula da Silva y destruir la reputación de la mayor operación anticorrupción del país.

  • Cuestionamiento ético: Se les criticó por utilizar material obtenido mediante hackeo (un acto ilegal), aunque el medio siempre defendió el interés público de la información.

  • Consecuencias políticas: Dado que estas revelaciones fueron la base jurídica que permitió la anulación de las condenas de Lula, muchos analistas ven a The Intercept como un “actor político” que pavimentó el regreso del actual presidente al poder.

2. Selección de agenda

Analistas de medios señalan que existe una asimetría en la agresividad de sus investigaciones:

  • Foco constante en la derecha: Durante el gobierno de Jair Bolsonaro, el medio mantuvo una postura de oposición frontal, con investigaciones diarias sobre su círculo cercano.

  • Omisiones percibidas: Se les critica por no aplicar el mismo nivel de escrutinio o “periodismo de impacto” hacia las sospechas de corrupción dentro del PT o los actuales desafíos éticos del gobierno de Lula. Esta disparidad es lo que muchos interpretan como una línea editorial militante.

  • Banco Master: Se les acusa de no investigar las relaciones del juez Alexandre de Moraes y de su esposa con Daniel Vorcaro, dueño del Banco Master, preso acusado de estafas. Sus artículos defienden al magistrado del STF. Los titulares son elocuentes:
La visión de Intercept Brasil sobre el juez del STF, Alexandre de Moraes

3. El perfil de sus fundadores y periodistas

La percepción de sesgo también se alimenta de la identidad de sus figuras clave:

  • Glenn Greenwald: Aunque ya no forma parte del medio y ha tenido roces con la izquierda recientemente, su figura quedó asociada a la defensa de causas progresistas y a la protección de fuentes como Edward Snowden.

  • Activismo: Muchos de sus editores y reporteros tienen un historial de activismo político o han expresado abiertamente simpatías por causas de justicia social que coinciden con la plataforma de la izquierda brasileña.

¿Es periodismo o activismo?

La controversia radica en la definición de la labor de The Intercept. Ellos se autodefinen como un medio de periodismo adversarial, diseñado para confrontar al poder establecido.

El contrapunto: Sus defensores argumentan que todos los medios tienen un sesgo (la prensa tradicional en Brasil es a menudo acusada de ser de derecha) y que The Intercept simplemente llena un vacío investigando lo que otros no quieren tocar.

En resumen: Las críticas no suelen decir que la información sea falsa (de hecho, los diálogos de la Vaza Jato no fueron desmentidos en su contenido), sino que la forma, el momento y la intención de sus publicaciones están alineadas con una agenda que favorece al actual gobierno y perjudica a la oposición conservadora.

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