La diplomacia del saqueo: Claudia Sheinbaum, Nicolás Maduro y el financiamiento de la impunidad

Detrás de la parsimonia y la "cara de inocencia" con la que Sheinbaum aborda estos temas en sus conferencias, subyace una voluntad de perpetuar un modelo de saqueo. Defender que un dictador imputado por delitos trasnacionales use dinero público para defenderse no es un acto de solidaridad regional, es una complicidad manifiesta que ignora el sufrimiento de millones de venezolanos

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Foto Presidencia

La postura reciente de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, respecto a la situación legal de Nicolás Maduro en Estados Unidos, no solo resulta alarmante por su falta de rigor ético, sino por la desconexión total con la realidad democrática de la región. Al sugerir que el régimen de Maduro debería disponer de fondos públicos venezolanos para costear su defensa legal frente a cargos de narcoterrorismo en Manhattan, Sheinbaum parece validar una premisa peligrosa: que el dinero de un pueblo hambriento debe servir para proteger a quienes lo oprimen.

Un doble rasero ideológico

Mientras la presidenta mexicana intenta proyectar una imagen de neutralidad institucional, su retórica la coloca en un extremo que incluso sus aliados ideológicos han evitado. Es notable el silencio de Sheinbaum frente a las posturas de mandatarios como:

  • Gabriel Boric (Chile): Quien ha sido tajante al calificar al régimen de dictadura.

  • Lula da Silva (Brasil) y Gustavo Petro (Colombia): Quienes, a pesar de su afinidad de izquierda, se han negado a reconocer la legitimidad de Maduro tras el opaco proceso electoral donde las actas brillaron por su ausencia.

Para Sheinbaum, parece no importar que Maduro se aferre al poder por la fuerza; su prioridad parece ser la salvaguarda financiera de la cúpula chavista bajo el manto de la “soberanía”.

El cinismo de la defensa

El argumento esgrimido por los abogados de Maduro y su esposa, Cilia Flores, raya en lo absurdo: afirman no tener recursos propios para sufragar una defensa de tal magnitud, pretendiendo que sea el Estado venezolano —cuyas arcas están exhaustas tras años de mala gestión y corrupción— quien asuma el costo.

Afortunadamente, el sistema judicial internacional ha mostrado mayor sensatez. El pasado 26 de marzo, el juez Alvin Hellerstein desechó de plano esta pretensión, asegurando que el proceso por narcoterrorismo seguirá su curso sin que se desvíen más recursos del pueblo venezolano para este fin.

Conclusión

Detrás de la parsimonia y la “cara de inocencia” con la que Sheinbaum aborda estos temas en sus conferencias, subyace una voluntad de perpetuar un modelo de saqueo. Defender que un dictador imputado por delitos trasnacionales use dinero público para defenderse no es un acto de solidaridad regional, es una complicidad manifiesta que ignora el sufrimiento de millones de venezolanos. México, bajo esta administración, parece haber cambiado la “Doctrina Estrada” por la doctrina del encubrimiento.