Colombia enfrenta las consecuencias de uno de los terremotos más destructivos registrados en el país este siglo. El sismo de magnitud 7,4 que sacudió el occidente del territorio deja hasta ahora al menos 224 personas fallecidas y cientos de heridos, mientras los equipos de emergencia mantienen las labores de búsqueda y rescate ante la posibilidad de encontrar nuevas víctimas entre los edificios y estructuras colapsadas.
La dimensión de la tragedia podría aumentar en las próximas horas. Las autoridades continúan trabajando en las zonas afectadas y todavía existen personas cuyo paradero se desconoce. El presidente colombiano, Abelardo de la Espriella, informó durante la noche del lunes que 188 personas permanecían desaparecidas en Cali, una de las ciudades que registra mayores daños.
A la emergencia humanitaria se suma la actividad sísmica posterior al terremoto. Hasta las 18:30 del lunes, el Servicio Geológico Colombiano había contabilizado 47 réplicas, incluida una de magnitud 4,8. Los especialistas mantienen la advertencia de que podrían registrarse nuevos movimientos, aumentando los riesgos para quienes permanecen en edificios dañados y para los equipos desplegados en las labores de rescate.
Naciones Unidas identifica las prioridades
La respuesta humanitaria comienza a concentrarse en cubrir las necesidades básicas de las familias que han perdido sus viviendas o enfrentan interrupciones de servicios esenciales. Naciones Unidas señaló que el acceso a agua potable, alimentos, atención médica, artículos de primera necesidad y kits de higiene constituye una de las prioridades inmediatas.
Jens Laerke, portavoz de la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), explicó que los equipos trabajan en una evaluación más precisa de los daños para determinar dónde se concentra la población que necesita asistencia y qué tipo de ayuda resulta más urgente.
El sistema de Naciones Unidas mantiene contacto con las autoridades colombianas y coordina con sus oficinas nacionales, regionales y centrales la posibilidad de reforzar la respuesta. Colombia todavía no ha solicitado oficialmente asistencia internacional, aunque Naciones Unidas ha dejado abierta la posibilidad de ampliar su apoyo si el Gobierno lo considera necesario.
Casi 5.000 viviendas afectadas y decenas de edificios colapsados
La magnitud de los daños materiales refleja el impacto del terremoto. Los primeros datos oficiales recopilados por Naciones Unidas apuntan a cerca de 5.000 viviendas afectadas, de las cuales 387 quedaron completamente destruidas. Además, 61 edificios registraron colapsos.
La infraestructura pública también sufrió graves consecuencias. Más de 550 establecimientos educacionales, 24 instalaciones sanitarias y alrededor de 350 centros comunitarios presentan daños, mientras que 53 carreteras han resultado afectadas, complicando el acceso de los equipos de emergencia a distintas zonas.
En varias localidades se han producido además interrupciones o dificultades en servicios esenciales como electricidad, agua potable, atención sanitaria y conectividad, una situación que podría agravar las condiciones de las comunidades damnificadas si los problemas se prolongan.
Cali enfrenta daños críticos en su red sanitaria
El sector sanitario se encuentra entre los más afectados. La Organización Mundial de la Salud informó daños en 24 establecimientos de salud distribuidos en seis departamentos, con una situación especialmente delicada en el Valle del Cauca y, particularmente, en Cali.
Uno de los hospitales sufrió el colapso parcial de una torre en la que funcionaban servicios de cardiología y pediatría. En otra clínica fue necesario evacuar completamente las instalaciones debido a los daños provocados por el movimiento telúrico.
La afectación de los sistemas de agua representa otro desafío para la atención médica. La falta o interrupción del suministro puede dificultar el funcionamiento de hospitales y centros asistenciales precisamente cuando aumenta la demanda de atención por parte de la población damnificada.
Tarik Jasarevic, portavoz de la OMS, señaló que mantener operativos los servicios esenciales de salud constituye una prioridad, especialmente ante los problemas que puedan surgir en los sistemas de agua, saneamiento e higiene.
Las réplicas añaden un elemento adicional de peligro: hospitales dañados, pacientes y trabajadores sanitarios permanecen expuestos a nuevos movimientos mientras continúan las labores de emergencia.
Equipos de la ONU llegan a las zonas más afectadas
La respuesta internacional ya comenzó a desplegarse pese a que Colombia no ha formulado una solicitud oficial de ayuda. La Organización Panamericana de la Salud activó su mecanismo de emergencia y envió equipos a Cali y al departamento del Chocó para colaborar en la evaluación de los daños sanitarios y en la coordinación de la respuesta.
El Gobierno colombiano, que declaró el desastre nacional, activó sus propios mecanismos de emergencia. El Ministerio de Salud y el Instituto Nacional de Salud pusieron en funcionamiento sus centros de operaciones para acelerar las evaluaciones, coordinar evacuaciones médicas y reforzar la atención de emergencia.
Naciones Unidas también mantiene especial vigilancia sobre la situación de niños y adolescentes afectados. UNICEF coordina con las autoridades colombianas y organizaciones asociadas la identificación de sus necesidades, mientras el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo colabora con instituciones gubernamentales en la evaluación rápida de daños y requerimientos.
Desde la Misión de Verificación de Naciones Unidas en Colombia, su jefe, Miroslav Jenča, expresó su solidaridad con las comunidades afectadas y puso a disposición de las autoridades el respaldo de la misión, especialmente en Chocó, el Eje Cafetero y el Valle del Cauca.
Mientras continúan las labores de rescate y evaluación, Colombia enfrenta ahora una segunda fase de la emergencia: mantener con vida a los heridos, proteger a quienes perdieron sus hogares y garantizar que los servicios esenciales puedan seguir funcionando en un territorio que todavía permanece bajo la amenaza de nuevas réplicas.













