El diario británico The Telegraph, fiel a la histórica tradición de superioridad y desprecio que caracteriza a los viejos imperios y a los piratas, ha cruzado todos los límites de la decencia periodística. A través de la pluma de su cronista, Jason Burt, el medio inglés tildó de “delincuentes” a la Selección Argentina tras la final del Mundial 2026.
Que justamente un emisario del Reino Unido —una nación edificada sobre la usurpación de territorios ajenos, el saqueo internacional y el despojo histórico de soberanías como las Islas Malvinas y Gibraltar— pretenda dar cátedra de moralidad y juego limpio es, como mínimo, un ejercicio de cinismo absoluto.
La crónica del resentimiento: El relato de Jason Burt
En su crónica, Burt no se midió al festejar la victoria de España como si se tratara de una cruzada del bien contra el mal:
“Fútbol 1, Delincuentes 0. Nos costó llegar hasta aquí, pero, por suerte, lo conseguimos. El deporte triunfó. España ganó el Mundial y todos salimos ganando. El fútbol se benefició de ello. Necesitaba desesperadamente que España ganara esta final. Cualquier otro resultado habría sido un auténtico crimen”.
Con una alarmante ceguera selectiva, el “escriba” inglés se rasga las vestiduras por los cruces del final, apuntando a la reacción de Nahuel Molina, el temperamento de Leandro Paredes o la intervención de un habitualmente calmo Lionel Scaloni. Sin embargo, omite deliberadamente la sistemática provocación y la desmedida agresividad del conjunto rival. Burt confunde deliberadamente la intensidad y el orgullo argentino con la criminalidad, mientras esconde bajo la alfombra el juego sucio europeo.
El archivo que la prensa inglesa prefiere ignorar
Para desmantelar el relato de la “limpieza” española y la “barbarie” argentina, basta con mirar las estadísticas oficiales que el periodismo británico convenientemente olvida repasar.
Álex Baena: La intensidad perdonada
El cronista inglés omitió señalar a Álex Baena, uno de los futbolistas que más al límite juega en el fútbol actual. Con un historial de 30 tarjetas amarillas y tres expulsiones, sus números demuestran una agresividad constante que en la final del mundo pareció gozar de impunidad, cometiendo cuatro infracciones graves sin recibir amonestación por reiteración.
Desglose de tarjetas amarillas de Álex Baena:
| Temporada / Competición | Equipo | Tarjetas Amarillas |
| Temporada 2022-23 | Villarreal Club de Fútbol | 11 |
| Temporada 2023-24 | Villarreal Club de Fútbol | 11 |
| Temporada 2024-25 | Villarreal Club de Fútbol | 9 |
| Temporada 2025-26 | Club Atlético de Madrid | 5 |
| Copa Mundial de Fútbol 2026 | Selección de España | 1 |
| Total Acumulado | 37 |
Aymeric Laporte: El predicador infractor
Otro de los encargados de calentar el ambiente fue el defensor central Aymeric Laporte, quien acusó públicamente a la Argentina de violencia y exigió un arbitraje riguroso bajo la premisa de que España no hace “faltas locas”. Una contradicción flagrante para un jugador que, en la temporada 2025/2026 con el Athletic Club, ya arrastra un historial de 10 faltas graves, sumadas a la violenta infracción que le propinó a Lionel Messi en pleno partido mundialista.
El espejo de la historia
Si de juego brusco e infractores se trata, el fútbol español cuenta en sus vitrinas con Sergio Ramos, dueño del récord histórico de expulsiones en LaLiga (21 tarjetas rojas) y el tercero en la historia del fútbol mundial con 30 expulsiones en su carrera. El fútbol español sabe perfectamente lo que es jugar al límite del reglamento, por mucho que hoy intenten vender una narrativa de pulcritud franciscana.
Conclusión: Miren hacia adentro
El ataque de The Telegraph a la delegación argentina no es más que el reflejo de la frustración de quienes, incapaces de destacar por méritos propios en el terreno de juego, intentan colonizar la moral del deporte.
Antes de señalar con el dedo, calificar de “delincuentes” a deportistas de élite y pretender dar ejemplos de ética, el periodismo del Reino Unido debería exigirle a su propio país que mire hacia adentro, reconozca sus desmanes históricos y devuelva lo que no le pertenece. La piratería, tanto en la geopolítica como en los escritorios de prensa, sigue siendo piratería.













