Por Raúl Vallarino.-
Hay argentinos miserables, sí. Negarlo sería tapar el sol con la mano. Pero por suerte, y por una cuestión de estricta justicia histórica, son los menos. El noble pueblo argentino, ese que comparte con nosotros raíces, mate y afectos, jamás se reiría del Himno Nacional de Uruguay. Saben de respeto, saben de hermandad. Sin embargo, las redes sociales suelen ser el megáfono predilecto de una minoría ruidosa, cobarde en cuerpo y alma, que intenta compensar sus propias limitaciones escupiendo hacia arriba.
Hagamos un poco de historia y pongamos las cosas en su lugar. El Himno Nacional de Uruguay no es una simple canción de cancha; es una obra de arte frecuentemente celebrada a nivel internacional por su emotiva melodía y su rica estructura musical. No es un invento chauvinista: en reconocidos rankings mundiales, como los elaborados por la prestigiosa revista The Economist, el himno uruguayo ha sido posicionado en el tercer lugar a nivel mundial.
¿A qué se debe esto? A su indiscutible musicalidad. Es una composición de corte operístico, con profundas influencias de la ópera italiana. Esta herencia lírica le otorga una melodía compleja, vibrante y de una riqueza orquestal que muy pocos símbolos patrios en el planeta pueden presumir.
Frente a semejante monumento artístico, aparecen los imbéciles de turno (un tal Lauti y un tal Seba, dos argentos enfermos sin dudas). Tipos que, movidos más que nada por una evidente envidia de clase y un complejo de inferioridad supino, creen que pueden agraviar. No lo consiguen, por supuesto, porque su alcance es limitado y sus argumentos no pasan de ser disparates rústicos. Cuidado: estos personajes no representan a la mayoría del pueblo argentino. Son solo marginales de la decencia.
El diario El País dio cuenta recientemente de este triste espectáculo. En medio de la fiebre mundialista y tras el empate de Uruguay ante Cabo Verde, una publicación en la red social X encendió una polémica absurda. Un usuario argentino, intentando ser irónico sobre la canción patria de la Celeste mientras los jugadores la entonaban con el alma, escribió: “Parece una persecución de Tom y Jerry”.
La imbecilidad, que es contagiosa, no quedó ahí. Otro internauta se tomó el trabajo de editar una escena clásica de la famosa serie animada utilizando un fragmento del himno uruguayo como banda sonora. El video se viralizó, despertando risas flojas en algunos y una justificada indignación en la enorme mayoría de ambos lados del Río de la Plata.
Hay que tener la memoria muy corta y la piel muy gruesa para intentar burlarse de la música ajena. Nadie en su sano juicio puede olvidar que, durante varios años y en diversas justas deportivas organizadas en Argentina, el himno local se redujo a pasar únicamente la parte instrumental —sin letra—, obligando a sus aficionados a acompañar la música con un desabrido “oh, oh, oh”. Hoy, afortunadamente, eso ya fue corregido, pero demuestra que quienes hoy escupen ironías baratas hablaban desde el más absoluto de los desiertos culturales.
La complejidad musical de nuestro himno no es para cualquiera; requiere oído, educación y, sobre todo, respeto. Al final del día, los dibujos animados se quedan en la pantalla y los miserables en su rincón de X, mientras el himno uruguayo sigue resonando en el mundo con la majestuosidad que solo las verdaderas obras de arte poseen.
Y ni hablemos de las cuatro estrellas por los mundiales ganados por Uruguay, que la FIFA reconoce y los argentinos tratan de minimizar. ¡Sigan participando, muchachos!












