Por Paco Tilla.-
BUENOS AIRES — En un giro dramático que nadie vio venir (excepto cualquiera que sintonice la televisión argentina por más de cinco minutos), se ha revelado finalmente el oscuro secreto detrás de la tensa relación entre el astro del fútbol, Lionel Messi, y la sagrada cofradía de la mítica deidad “K-Chorra” —también conocida por afanarse un PBI completo.
Resulta que el capitán de la Selección Nacional ha cometido el peor de los pecados para el manual del buen militante kirchnerista: ser una persona normal.
El peligroso prontuario de Messi
Según fuentes profundamente indignadas del Instituto Patria, el comportamiento de Messi roza lo intolerable. Los cargos en su contra son contundentes:
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Mantiene una estructura familiar tradicional y estable (altamente sospechoso).
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Trabaja duro en silencio sin dar discursos de tres horas por cadena nacional.
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Sufre de una alarmante incapacidad para prestarse a los desmanes estéticos y discursivos del relato ultra K.
Ante semejante despliegue de valores occidentales y cristianos, las alarmas ideológicas no tardaron en encenderse.
El “Efecto Mbappé” y las lágrimas de cocodrilo
Para contrarrestar la tibieza burguesa del 10 argentino, la militancia del espectáculo ha encontrado a su verdadero héroe. La renombrada intelectual de la cultura pop y filósofa contemporánea, Florencia Peña —famosa por sus dotes actorales y por sus recientes e inspiradores llantos de cocodrilo tras haber “errado el vizcachazo” con ciertos inventos sobre la salud del padre de Messi—, fue contundente:
“Yo lo banco a Mbappé, tipo de izquierda que se la jugó con lo que piensa”.
Fuentes cercanas a la farándula afirman que Mbappé ya está tramitando la afiliación al partido y leyendo “El Capital” en los vestuarios del Real Madrid, lo que lo convierte automáticamente en un ser superior a Messi, quien insiste con el atrasado concepto de ganar mundiales en lugar de ganar debates en Twitter.
Conclusión: Un llamado al silencio terapéutico
Desde esta redacción, instamos fervientemente a Peña y a toda la distinguida comitiva de “kukardos” a iniciar un retiro espiritual de silencio. Es momento de cerrar la boquita y dejar que el mayor ídolo de los argentinos siga sufriendo el flagelo de ser querido por todo el planeta, mientras ellos continúan militando la épica de la derrota y los subsidios al llanto televisado.
Al final, Mbappé tendrá la ideología correcta, pero Messi tiene la Copa del Mundo. Detalle menor.













