La selección uruguaya de fútbol sufrió un contundente tropezón en el inicio de la era de Diego Forlán al caer derrotada por 3 a 1 frente a su similar de Japón. En un trámite donde el conjunto asiático impuso condiciones con soltura y velocidad, la Celeste mostró una versión sin rumbo, reavivando de inmediato las críticas sobre los experimentos con técnicos interinos y sin experiencia en el banquillo de la mayor.
El desarrollo del encuentro dejó en evidencia tanto falencias colectivas como rendimientos individuales muy por debajo de lo esperado. Futbolistas llamados a liderar la estructura del equipo, como Lucas Torreira, Brian Rodríguez y Darwin Núñez, pasaron desapercibidos y no lograron justificar su citación en esta convocatoria, dejando una imagen preocupante frente a un rival sumamente ordenado.
Este traspié en el equipo principal no es un hecho aislado. Se suma al reciente y rotundo fracaso de la selección Sub 20 en los Juegos ODESUR, certamen donde el combinado nacional, también bajo la conducción de Forlán y su equipo de colaboradores, quedó en el camino sin pena ni gloria. La seguidilla de malos resultados vuelve a encender los alarmas sobre la planificación deportiva de la dirigencia de la AUF.
Tras el pitazo final, la atención volvió a centrarse en los pasillos de la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF). Crece la interrogante sobre la decisión de su presidente, Ignacio Alonso, de haber dejado de lado a Marcelo Broli —entrenador que llevó a Uruguay a lo más alto al consagrarse campeón del mundo Sub 20— para insistir con pruebas de ensayo y error en el mando técnico de la selección nacional.










