La diplomacia del petróleo no borra la culpa: la llegada de Delcy Rodríguez a Nueva York y sus implicancias geopolíticas

Amparada por el pragmatismo estadounidense tras los acuerdos petroleros, la presidenta de facto busca lavar la cara al régimen chavista en la ONU, mientras la libertad de Venezuela sigue siendo una asignatura pendiente

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La presidenta de facto de Venezuela llegó a Nueva York

En un espectáculo cargado de cinismo diplomático, la presidenta de facto de Venezuela, Delcy Rodríguez, ha desembarcado en Nueva York para intervenir en la Asamblea General de las Naciones Unidas. Su presencia en suelo estadounidense no representa una victoria de la democracia ni un síntoma de reconciliación genuina, sino el frío resultado de la realpolitik. Esta vez, la aliada del chavismo llega amparada por la administración de Donald Trump, cuyo gobierno, satisfecho tras concretar acuerdos sobre el manejo del petróleo venezolano, no ha dudado en recibirla a través de funcionarios de alto nivel.

Los tiempos han cambiado en la forma, pero no en el fondo. La histórica escudera del régimen ha cedido ante las indicaciones de Washington, plegándose humillada a la dinámica que hoy le exige la geopolítica energética. Sin embargo, detrás de las alfombras rojas y la cordialidad oficial, la dolorosa realidad del pueblo de Venezuela permanece inalterada. La crisis social no se ha resuelto y la necesidad de convocar a elecciones verdaderamente libres y transparentes se vuelve cada día más imperiosa.

Pretender barnizar de legitimidad a la cúpula chavista resulta un ejercicio de cinismo insostenible. Rodríguez intentó fijar su narrativa al declarar a su llegada: «Llegamos a Nueva York con la firmeza y la esperanza de un pueblo que cree en el encuentro y la unión entre las naciones». Sus palabras suenan vacías frente al historial de abusos del gobierno que representa. Esta calculada sumisión actual no borra su directa complicidad con la maquinaria de represión que ella misma ayudó a sostener. Mucho menos logra lavar la imagen de una administración cuya ilegitimidad de origen ha sido denunciada reiteradamente por Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea al señalar que no ganaron las elecciones.

El viaje de la funcionaria a suelo norteamericano deja flotando una incógnita cargada de mordacidad política: ¿aprovechará Rodríguez la cercanía geográfica para visitar en prisión a quien fuera su jefe, Nicolás Maduro, o simplemente lo dejará librado a su suerte mientras acomoda su destino a los nuevos vientos del poder? El petróleo podrá comprar la entrada a los foros de la diplomacia internacional, pero jamás la absolución de la historia ni la dignidad que le arruinaron a toda una nación.