Caso Zapatero| ¡Di, alpiste… perdiste!: El arte de gobernar un país pero no saber contar hasta veinte

El juez de la Audiencia Nacional de España, José Luis Calama, le ha dado un portazo en las narices al incidente de nulidad presentado por los abogados del expresidente Zapatero. ¿El motivo? Algo tan mundano, tan trágico y tan cómico como llegar tarde

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Zapatero y los negocios que despiertan interrogantes

Hay derrotas jurídicas épicas, grandes batallas de doctrina que se estudian en las facultades de Derecho durante décadas. Y luego está lo que le acaba de pasar a la defensa del expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, en el ‘caso Plus Ultra’. Aquí no ha hecho falta un sesudo debate constitucional ni una pirueta retórica digna de una película de Hollywood. No, al final todo se ha resumido a una máxima universal que cualquier niño de primaria entiende a la perfección: “Di, alpiste… perdiste”.

El juez de la Audiencia Nacional de España, José Luis Calama, le ha dado un portazo en las narices al incidente de nulidad presentado por los abogados del expresidente. ¿El motivo? Algo tan mundano, tan trágico y tan cómico como llegar tarde.

La nube era para mayo, no para finales de junio

La defensa de Rodríguez Zapatero acudió al juzgado el pasado 25 de junio con un escrito de lo más ambicioso. Querían anular doce resoluciones del procedimiento, incluyendo la entrada y registro en la oficina del expresidente y la investigación sobre el origen de las joyas incautadas en su despacho. Alegaban, con gran pomposidad, la vulneración de varios derechos fundamentales.

El problema es que la Ley Orgánica del Poder Judicial tiene una letrita pequeña muy molesta (el artículo 241, para ser exactos) que dice que tienes 20 días para quejarte desde que tienes acceso a las actuaciones. Y el calendario es implacable:

  • 25 de mayo: El juzgado envía la comunicación a las partes indicando que ya pueden acceder a la plataforma Cloud para consultar los autos.

  • 25 de junio: La defensa presenta el recurso.

  • El resultado: Treinta y un días después. En matemáticas básicas y en derecho procesal, un suspenso de manual.

La “estrategia” no detiene el cronómetro

Lo más tierno de toda esta historia es el intento de la defensa por justificar el despiste. Argumentaban que el plazo debía contar desde que ellos analizaron la “singladura procesal” y valoraron la “conveniencia estratégica” de la impugnación. Vamos, que el reloj solo debe correr cuando a ellos les venga bien y hayan terminado de digerir la información.

Pero el juez Calama, con una paciencia digna de santo, les ha recordado que la justicia no funciona al ritmo de los tempos políticos ni de las agendas de los grandes despachos:

“Ese conocimiento no se identifica con valoraciones subjetivas ni con la conveniencia estratégica de la impugnación, sino con el acceso real y suficiente al contenido de la actuación: puesta de manifiesto de las diligencias, entrega de copia, consulta del expediente…”

Traducido al lenguaje de los mortales: si te dan la contraseña de la carpeta compartida el 25 de mayo, no puedes fingir sorpresa un mes después. El acceso real estaba ahí; que prefirieras mirar para otro lado o dejarlo para el lunes es tu problema.

Lección del día: Póngase una alarma en el móvil

Resulta fascinante comprobar cómo defensas jurídicas que probablemente cuestan una fortuna terminan tropezando con la misma piedra que un estudiante universitario despistado con la fecha de entrega de un trabajo. Puedes invocar la Constitución, los derechos humanos y el ordenamiento internacional, pero si no sabes mirar el calendario, estás fuera del juego.

Para la próxima ocasión, se recomienda a los asesores del expresidente menos literatura sobre la “singladura procesal” y un uso más eficiente de las alarmas de Google Calendar. Porque en los tribunales, si te duermes en los laureles y se te pasa el arroz… di alpiste.