MADRID.– Acorralado por la presión parlamentaria y los frentes judiciales, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha comparecido en el Congreso de los Diputados en un intento de sacudirse la responsabilidad por la corrupción que asedia al PSOE y a su entorno más cercano. Utilizando una estrategia de victimización que ya es habitual en su manual político, Sánchez ha recurrido al clásico «No sabía nada y no lo hubiera tolerado». Sin embargo, el argumento no ha convencido a la oposición ni a los analistas políticos, quienes coinciden en que el volumen de los delitos y el hecho de que los principales implicados formaran parte de su núcleo duro hacen inverosímil que el jefe del Ejecutivo fuera ajeno a lo que ocurría.
La comparecencia se produce en un clima de máxima tensión, marcado por la reciente sentencia a 24 años de cárcel contra José Luis Ábalos, exministro de Fomento y quien fuera la mano derecha indiscutible del líder socialista.
Un mismo saco para tres tramas de corrupción
Durante su intervención, Sánchez ha intentado diluir el impacto de las investigaciones metiendo tres casos distintos en un mismo saco argumental:
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La trama corrupta liderada por Ábalos, su ayudante Koldo García y el empresario Víctor de Aldama.
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La investigación que cerca a estos y que ya salpica directamente al actual secretario de Organización socialista, Santos Cerdán.
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Las llamadas “cloacas del PSOE”, que involucran a la exmilitante Leire Díez y, de nuevo, a Cerdán.
«Estamos convencidos de que en este país no debe haber espacio para la impunidad, sean quienes sean», ha espetado el presidente, defendiendo paradójicamente la limpieza de su gestión mientras las siglas de su partido vuelven a quedar ligadas a los tribunales.
Cierre de filas con Zapatero pese a las pruebas
El presidente también ha tenido que pronunciarse sobre la imputación del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero por presunto tráfico de influencias en el rescate de la aerolínea Plus Ultra durante la pandemia. Pese a lo que la oposición califica como “pruebas contundentes” en contra de Zapatero, Sánchez ha apelado a la «convicción» con la que se ha defendido el expresidente y a «su trayectoria» para justificar que le sigue mostrando su «confianza» a nivel personal.
El análisis: Para los expertos políticos, este blindaje mutuo demuestra la incapacidad de Sánchez para asumir responsabilidades políticas reales por los desmanes cometidos bajo su liderazgo o el de sus mentores.
Ataques al juez Peinado y victimización familiar
La parte más bronca de la sesión ha llegado cuando el líder del PSOE se ha referido a las causas abiertas contra su esposa, Begoña Gómez, y su hermano, David Sánchez. Lejos de la autocrítica, el presidente ha optado por el plano emocional:
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«Para mí no es fácil hablar de ellos porque afectan a personas que quiero y porque sé, sin el mínimo grado de duda, que se construyen sobre acusaciones infundadas», ha aseverado.
Para justificar sus posiciones, Sánchez ha argumentado que ambos familiares ocuparon sus respectivos puestos profesionales antes de que él tuviera una relevancia determinante dentro del PSOE.
En un movimiento que la oposición ha tachado de grave ataque a la separación de poderes, el presidente ha cargado directamente contra el juez que instruye el caso de su esposa, Juan Carlos Peinado, acusándolo de culminar la causa «con medidas cautelares que superan el límite de lo razonable». Finalmente, ha sentenciado que todo responde a una «serie de acciones coordinadas que buscan debilitar el acto del Ejecutivo mediante ataques personales y con campañas de desinformación y mentiras», activando una vez más el relato del complot para eludir dar explicaciones técnicas sobre los contratos investigados.












