Por Juan Carlos Barreto.-
Café con trazos sigue recorriendo el país. Y en ese andar nos seguimos encontrando con estas cosas buenas que suceden. Con espacios, con personas, con apuestas que vale la pena contar.
Esta vez el camino llevó al MACA, el Museo de Arte Contemporáneo Atchugarry, en Manantiales. Un lugar que desde su apertura se volvió una referencia fuerte en el mapa cultural del Uruguay. No solo por su escala o por su entorno, sino porque ahí el arte circula: en las salas, en el parque, en el teatro, en el taller.
El pasado fin de semana se desarrolló allí la 10ª edición del Encuentro Nacional de Jóvenes Creadores, bajo un lema que lo dice todo: El arte como mensaje de paz. Una iniciativa que lleva veinte años y que en esta edición reunió a 70 jóvenes de bachilleratos artísticos, liceos y UTU de todo el país. Gurises que llegaron desde distintos rincones con algo en común: las ganas de hacer.
La primera jornada fue de encuentro. Entre ellos y con el lugar. Recorrieron la colección permanente, visitaron la muestra Tres caminos, un horizonte y compartieron una instancia con el artista Artur Lescher, que abrió su proceso creativo al diálogo.
También caminaron el parque escultórico y llegaron hasta La Piedad, la capilla que guarda una de las obras más significativas de Pablo Atchugarry. Más tarde, en el Teatro MACA, Lorena Larriera y Martín Pelenur acercaron sus prácticas a los estudiantes. Y el día cerró en el taller de Pablo, viéndolo trabajar. Ahí empezó todo.

Después vino lo central: el trabajo
En la sala didáctica, junto a sus docentes de Secundaria y UTU, los jóvenes se metieron de lleno en el proceso. Días intensos, de esos que dejan marca. Yeso, espuma plast, tela. Probar, sacar, volver a poner. Equivocarse, corregir, insistir. Sin fórmulas. Sin resultado cerrados de antemano. Solo el hacer.
Lo que se inauguró el sábado 18 de abril fue justamente eso: el resultado vivo de esos días. No obras traídas desde sus casas, sino piezas nacidas ahí mismo, en ese cruce entre aprendizaje, convivencia y experiencia.
Y hubo un momento que terminó de darle sentido a todo. El montaje final se hizo con la presencia de Pablo Atchugarry, trabajando con los estudiantes para ubicar cada obra en la sala. Sin distancia. Sin protocolo. Pieza por pieza. Ahí estuvo el corazón del encuentro: no en el discurso, sino en el trabajo compartido.

A eso se sumó otro hecho que no es menor. Las obras de los jóvenes se instalaron en diálogo con una muestra de enorme nivel, con referentes del arte uruguayo entre 1947
y 1970. Como el propio Pablo les marcaba, tenían delante una oportunidad poco común: mirar de cerca esa historia y, al mismo tiempo, poner su propio trabajo en relación con ella. Hay aprendizajes que no pasan por el aula. Este es uno de ellos.

El sábado de mañana pude estar allí y conversar con Pablo Atchugarry. Visitar el MACA
siempre es un placer. He tenido la oportunidad de acompañar este encuentro en más de una edición, de verlo crecer, de ver pasar generaciones. Y aun así, esta vez hubo algo más. El contexto completo de lo vivido en esos días terminó de mostrar su verdadera dimensión. Porque acá no se trata solo de abrir un espacio, sino de sostener una convicción: que el arte puede ser una forma de formación, de encuentro y también de paz.
El Encuentro Nacional de Jóvenes Creadores es organizado por el MACA con el apoyo de la Intendencia de Maldonado, ANEP Educación Secundaria y UTU. Y cuando una idea se sostiene en el tiempo, con trabajo y compromiso, aparecen estas experiencias que dejan huella.
Desde Café con trazos, el reconocimiento a quienes hacen posible esto: organizadores, instituciones, docentes, equipo técnico y funcionarios. Y especialmente a Pablo Atchugarry, por sostener esta apuesta a lo largo de los años.
Seguimos en camino.Seguimos encontrando cosas que merecen ser contadas.
Buena jornada. Buen café.













