Suspicacias: El FMI y como negociar con el gobierno de facto de Venezuela

Resulta asombroso, por decir lo menos, que el organismo multilateral más importante del mundo decida ignorar el origen ilegítimo del poder que hoy ostenta Delcy Rodríguez. No estamos ante una transición democrática, sino ante la consolidación de un sistema que se mantiene a través de la fuerza y comicios señalados globalmente como fraudulentos

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Kristalina Georgieva, directora del Fondo Monetario Internacional (FMI)

La diplomacia financiera internacional suele moverse en un terreno de pragmatismo frío, pero lo ocurrido recientemente en las redes sociales de Kristalina Georgieva, directora del Fondo Monetario Internacional (FMI), ha cruzado una línea que muchos consideran moralmente infranqueable. Al referirse a Delcy Rodríguez como “Presidenta interina” y calificar su conversación como “valiosa y productiva”, el FMI no solo ignora la realidad política de Venezuela, sino que otorga un barniz de legitimidad a un régimen que ha hecho del fraude electoral y la violación de derechos humanos su estándar operativo.

La incoherencia del reconocimiento

Resulta asombroso, por decir lo menos, que el organismo multilateral más importante del mundo decida ignorar el origen ilegítimo del poder que hoy ostenta Rodríguez. No estamos ante una transición democrática, sino ante la consolidación de un sistema que se mantiene a través de la fuerza y comicios señalados globalmente como fraudulentos.

La pregunta que queda flotando en el aire de Washington es punzante: ¿Puede el FMI negociar seriamente con una dictadura que históricamente ha despreciado y demonizado a este organismo?

El camuflaje de la “sirvienta todo terreno” de Trump

La narrativa que intenta pintar a Delcy Rodríguez como una figura de consenso o una tecnócrata dispuesta a “acatar órdenes” externas —incluso bajo la sombra de figuras como Donald Trump— es una falacia peligrosa. Rodríguez no es una demócrata conversa; es la pieza fundamental de un engranaje liderado por Nicolás Maduro.

Es contradictorio que el FMI hable de “apoyar al pueblo de Venezuela” mientras estrecha la mano de quienes sostienen a personajes como Diosdado Cabello y Padrino López, hombres sobre los cuales pesan recompensas millonarias por parte de la justicia estadounidense debido a sus vínculos con actividades ilícitas.

“Discutimos los próximos pasos en nuestro compromiso… Subrayé el compromiso del FMI para apoyar al pueblo de Venezuela”. — Kristalina Georgieva vía X.

¿Apoyo al pueblo o el oxígeno a la tiranía?

El discurso del FMI sobre el “desarrollo de capacidades” y el “asesoramiento de políticas” suena hueco cuando se dirige a una tiranía. La historia nos ha enseñado que, en manos de regímenes autoritarios, los préstamos y el reconocimiento técnico rara vez llegan al ciudadano de a pie; por el contrario, suelen servir para aceitar la maquinaria de represión y control social.

Nada es creíble en esta nueva etapa de acercamiento. Si el FMI pretende mantener su integridad institucional, debe entender que los datos y las políticas económicas no pueden separarse de la ética política. Validar a Delcy Rodríguez no es un acto de pragmatismo económico, es un insulto a las víctimas de un sistema que ha devastado a una nación entera.

En este juego de espejos, Georgieva parece haber olvidado que no se puede rescatar a un pueblo financiando a sus carceleros.