Por Paco Tilla.-
En una noche para el olvido en el Estadio Centenario, Peñarol cayó ante Platense en un encuentro donde el fútbol brilló por su ausencia y fue reemplazado por la aspereza, la simulación y un arbitraje que rozó lo negligente. El conjunto argentino, fiel a un estilo tosco y golpeador, se llevó un premio excesivo ante un Carbonero que deambuló por la cancha sin ideas claras.
Un planteo anodino y piezas mal encajadas
El equipo de Diego Aguirre volvió a mostrar su peor cara. El DT no supo encontrarle la vuelta al partido ni encajar las piezas de un rompecabezas que hoy parece desarmado. Peñarol fue un equipo anodino, que solo dependió del empuje solitario de Matías Arezo y algún que otro chispazo individual, pero que careció de una estructura colectiva para vulnerar a un rival que vino exclusivamente a destruir.
El “show” de la simulación y un arbitraje cómplice
El gran protagonista de la noche fue el arbitraje del paraguayo Derlis López. Sin jerarquía ni personalidad, el juez permitió que el juego sucio de Platense prosperara, “perdonando” sistemáticamente las infracciones del equipo “Calamar” mientras castigaba con rigor excesivo a los jugadores aurinegros.
Bajo este amparo, figuras como Guido Mainero se movieron con impunidad. El volante argentino, catalogado tras el partido como un “guapo de cartón”, se dedicó más a provocar y fingir que a jugar. Versiones que llegan desde Buenos Aires no tardaron en señalar que ese desplante de “malo” se termina pronto fuera de las luces del estadio; en el mano a mano, aseguran, “se va al mazo”. Con un árbitro competente, Mainero difícilmente habría terminado los noventa minutos en el terreno de juego.
Tras una jugada clara en la que fue a buscar la pelota Guido Mainero y jugadores aurinegros, el balón terminó saliendo al lateral, impulsada por un jugador del equipo argentino y el línea cobró lateral a favor de Platense.
Tras discusiones entre Mainero y Olivera el juez Derlis López, de opaca actuación, amonestó a los dos futbolistas. A partir de ese saque de banda se dio el penal por la mano de Eric Remedi y que Franco Zapiola cambió por gol.
Periodismo militante y la mirada del vecino
La indignación de la hinchada carbonera no se limitó a lo ocurrido en el césped. La transmisión de ESPN sumó leña al fuego con un relato que careció de toda imparcialidad, ensalzando las dudosas virtudes del “equipito” argentino y cayendo en un partidismo que resultó ofensivo para el televidente uruguayo.
Por otro lado, el clima se caldeó en redes sociales con los festejos de algunos hinchas de Nacional. Sin embargo, la alegría tricolor parece ignorar una realidad estadística: mientras Peñarol se mide ante rivales de fuste, otros grupos parecen estar conformados por la “resaca” de la Copa Libertadores, facilitando un camino que en el plano internacional suele cobrar facturas más adelante.
Peñarol se va con las manos vacías y un gusto amargo, no solo por la derrota, sino por haber sucumbido ante un rival menor que hizo del antifútbol su bandera.











