La página de humor de Paco Tilla.-
Decirle “periodista” a Laura Ubfal es, como mínimo, una falta de respeto a la profesión. Equivale a graduar de chef de alta cocina a alguien que solo sabe prender el microondas. Lo suyo no es el periodismo; es el chimento de baja estofa, ese que se alimenta de la mala leche y la cortedad de miras. Pero claro, cuando el talento escasea, el complejo de inferioridad ataca y la necesidad de atención enloquece. Y ahí es donde entra su deporte favorito: pegarle a todo lo que cruce el Río de la Plata.
Al principio, su cruzada charrúa nos daba un poco de ternura. Con esa matemática tan particular que maneja, tiró que los uruguayos nos conocíamos todos porque “somos solo seis”. Un chiste digno de alguien que se llevó geografía y demografía a marzo de forma vitalicia.
Pero la sexagenaria panelista decidió subirse a una moto mediática y derrapar con todo. Y ojo, que el derrape no es por una cuestión de volumen físico, sino por el peso inconmensurable de las barbaridades que inventa cada vez que le abren un micrófono.
El “Forlán-Gate” o cómo inventar una realidad paralela
El pico de su delirio llegó cuando se le dio por opinar sobre el presente familiar de Diego Forlán. “Que yo sepa, la mujer de Forlán no laburó nunca más, la tiene escondida”, disparó Ubfal, refiriéndose a Paz Cardoso, madre de los cuatro hijos del exfutbolista.
Alguien que le avise a Laura —que evidentemente vive en un termo— que Paz Cardoso no solo es una destacadísima jugadora de hockey, sino también una exitosa empresaria. No está escondida, simplemente no necesita andar ventilando su vida en paneles de televisión de dudosa reputación para llegar a fin de mes. Hay gente que trabaja en serio, Ubfal; deberías probarlo alguna vez
Un último consejo (estético y profesional)
Para cerrar, un humilde consejo de este lado del río: Laura, es hora de cambiar de odontólogo. Quien sea que te haya diseñado esa dentadura te dejó unos comedores tan equinos que, cada vez que hablás, uno no sabe si vas a tirar un chimento o a relinchar por la llanura pampeana. Con esa sonrisa de pura sangre y tu mala onda habitual, lográs el milagro de ser todavía más desagradable de lo que tu naturaleza te otorgó, y mirá que la vara ya estaba alta.
Menos saña con Uruguay y un mejor diseño de sonrisa. De nada.










