
Para ello ha encarado su defensa con un ataque a la oposición, diciendo que todos los partidos políticos son responsables de la larga crisis de la compañía aérea de bandera. Lo que oculta es que lo que hoy está encima de la mesa, la decisión de concederle la compañía a un grupo seleccionado por un broker que percibió un millón de dólares de honorarios, y los principales de ese grupo la justicia los ha procesado por estafa, luego que devolvieran la empresa a cambio de “indemnidad” sobre sus patrimonios para responder por el desfalco. Está también encima de la mesa su responsabilidad política dando pleno respaldo al Ministro de Economía del actual gobierno y al Presidente del Banco de la República durante su administración y la actual, quienes instrumentaron una fórmula que en el parlamento fue apoyada exclusivamente por sus legisladores aprobando una ley que fue declarada inconstitucional.
Este episodio no terminará seguramente aqui, porque aunque parezca increíble, uno de los funcionarios cuyo procesamiento pide el fiscal de crimen organizado, no ha renunciado a su importante cargo, Presidente del principal Banco estatal, ni el Presidente Mujica lo ha destituido.
La reacción de Vázquez enredado en un gran lío ahora candidato nuevamente, es culpar a la oposición de la situación de desastre que resultó de su pésima decisión que le costó a los uruguayos varios cientos de millones de dólares.
La soberbia que ha enfermado a la izquierda en el gobierno de Uruguay, su convicción de infalibilidad y de la pretendida superioridad ética y social de sus actos de gobierno, condimentada con la narcotizante mayoría absoluta legislativa, los llevó a resolver situaciones complejas con voluntarismo, enajenadas del marco de la Constitución y resueltas a partir de sus intereses urgentes, sin medir adecuadamente sus consecuencias.
Vázquez y el Frente Amplio, incluido el Presidente Mujica, enfrentados a una crisis derivada de una pésima y dolosa decisión, ensayan el discurso del “error” para mitigar sus responsabilidades. Lo cierto es que la gravedad de los hechos y sus consecuencias desde el punto de vista económico e institucional, y sus efectos sobre la imagen impoluta que ha querido monopolizar la izquierda están a la deriva.
Jaime Mario Trobo












