Unas veces se gana y otras se aprende

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España entera está de luto. De nuevo se desvaneció el sueño olímpico, de nuevo nos invade un sentimiento de incredulidad, de impotencia, de derrota, un sentimiento que se ha instalado en nosotros desde hace más tiempo del que quisiéramos recordar.
Un llanto común, auténtico y espontáneo inunda las calles. Se habla de pucherazo, de manipulación, incluso de conspiración, pero, en nuestro interior, los españoles sabemos cual es la cruda realidad: Hemos perdido la confianza y el respeto de la comunidad internacional, o quizá nunca la hemos tenido, no nos la hemos ganado, hemos violado las reglas de juego y eso, antes o después, se paga. ¡Basta ya de luchas internas, de intereses creados, de silencios inconfesables, de políticos y economistas mediocres que juegan al ‘todo vale’ sólo pensando en su propio beneficio y burlándose infamemente del país al que representan!
España no existe, un poder silencioso, delincuente y corrupto se esconde en todos sus rincones y un intenso olor a podrido sacude nuestras conciencias, pero seguimos viviendo del engaño y la fantasía aunque el tufo ya no nos deje respirar. Estamos solos, la tarea es ardua, pero es necesario y urgente un cambio radical, dejar de mentirnos a nosotros mismos, valorar la honestidad, el compromiso, la solidaridad, el esfuerzo y la lealtad, volver a recuperar nuestra dignidad perdida y sentirnos orgullosos de lo que somos y ser conscientes de nuestra verdadera participación en el juego internacional.
No todo está perdido, sólo debemos abandonar la política de brazos cruzados, dejar de mirar hacia otro lado, terminar con la desidia, luchar por encontrar nuestro camino y trazar el destino correcto: aquel en el que los buenos ganan y los malos obtienen su merecido.
Se apagaron las luces. Ahora toca aprender de lo sufrido, subsanar errores, enterrar todo lo que por innecesario e inútil nos impide avanzar, desterrar a incompetentes y malhechores que, lamentablemente, nos han colocado en este abismo, creer en nosotros mismos y generar confianza en todos los demás, olvidar viejas rencillas y construir un país grande, unido y creíble. Ahora toca volver a empezar.