Crónica de un naufragio anunciado: Peñarol da lástima, Aguirre está perdido y la directiva calla

Peñarol es mucho más grande que este presente chato, que este cuerpo técnico extraviado y que una directiva que prefiere el silencio antes que asumir responsabilidades. Así no se puede seguir

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- Foto ICN Diario

Por Paco Tilla.-

No soy cronista deportivo ni busco la neutralidad impostada de una sala de prensa. Escribo desde las entrañas, desde el dolor y la bronca de ser hincha de Peñarol, de ver cómo una camiseta con tanta historia se arrastra por la cancha sin rumbo, sin alma y sin vergüenza deportiva. Lo de hoy frente a Wanderers fue una actuación lastimosa, indigna de la institución y el colmo de un proceso que ya apesta a ciclo cumplido y a fracaso consumado.

Un fútbol arcaico y caprichoso

El equipo es una lágrima. Dentro de la cancha no hay una sola idea, un circuito de juego o una mínima rebeldía. Dependemos de arrestos individuales y de esquemas tan vetustos como inútiles. Y el principal responsable tiene nombre y apellido: Diego Aguirre.

El técnico perdió totalmente el rumbo. Hace rato que transita la cornisa de las excusas, buscando siempre un culpable ajeno para justificar lo injustificable, cuando hace tiempo debió dar un paso al costado. Su obstinación es alarmante: mantiene como titulares indiscutidos a jugadores que no merecen estar en la cancha, mientras el plantel se vacía de respuestas y la paciencia de la tribuna se colma. Nos venden un proyecto que hace rato descarriló, aferrados a un pasado que ya no sostiene la cruda realidad del presente.

En declaraciones tras el magro empate Aguirre dijo que era “un punto valioso” contra un equipo que pelea el descenso. ¡Cerrá y vamos!

Dirigencia ausente y cómplice

Pero lo más grave no es solo lo que pasa en el césped; es el silencio cómplice de quienes conducen el club. El clamor popular, el grito unánime del hincha que sufre en las tribunas y en las calles, parece chocar contra una pared de cristal. Nadie da un golpe de timón. No existen. El equipo se hunde sin remedio, el barco hace agua por todos lados y la dirigencia mira para otro lado en un silencio absoluto.

El respaldo incondicional del presidente Ignacio Ruglio a este presente insostenible es, lisa y llanamente, la crónica de una muerte anunciada. Siguen apostando al abismo, ignorando el clamor de su gente y protegiendo un modelo agotado que nos condena a la mediocridad.

Peñarol es mucho más grande que este presente chato, que este cuerpo técnico extraviado y que una directiva que prefiere el silencio antes que asumir responsabilidades. Así no se puede seguir.