Quien crea que Zohran Mamdani pertenece al Partido Demócrata de Estados Unidos en el sentido tradicional, se equivoca rotundamente. El actual alcalde de Nueva York representa la consolidación de un ala abiertamente izquierdista —a menudo etiquetada bajo el eufemismo de «progresista»— de la que también forman parte figuras como la congresista Alexandria Ocasio-Cortez y el senador Bernie Sanders.
Para este sector de la política estadounidense, el rótulo demócrata funciona como un vehículo electoral y pragmático. Como es bien sabido en EE. UU., las candidaturas independientes enfrentan barreras estructurales casi insuperables para trascender a nivel nacional o metropolitano. Por ello, la estrategia de estas corrientes consiste en utilizar todo el aparato del Partido Demócrata, sus recursos, primarias y beneficios logísticos para posicionarse y alcanzar cargos de poder.
Ese mismo camino fue trazado anteriormente por Bernie Sanders quien, manteniendo su condición de independiente, se adhirió al aparato demócrata para competir en las grandes ligas políticas. De igual forma, Alexandria Ocasio-Cortez y el propio Mamdani han recurrido a las siglas del partido para disputar y ganar espacios desde dentro.
Para diversos analistas y sectores moderados, este «préstamo» de las estructuras partidarias denigra la herencia del partido de John F. Kennedy, Bill Clinton y Barack Obama. La crítica radica en que genera desatinos y desorientación ante los electores, ya que, una vez alcanzado un escaño legislativo o una alcaldía, estos dirigentes trabajan e impulsan agendas con ideas radicalmente alejadas del colectivo y de la doctrina histórica que cobija al partido.
Esta adscripción ideológica también se refleja en la agenda internacional de Mamdani, marcada por sintonías con la izquierda global. El alcalde neoyorquino ha mantenido reuniones y contactos con referentes de esta corriente como Luiz Inácio Lula da Silva, Pedro Sánchez y el gobernador bonaerense Axel Kicillof. En esa misma línea de aproximación regional, intentó concretar una reunión con el presidente de Uruguay, Yamandú Orsi, aunque este no la aceptó alegando razones de agenda.
La trayectoria y alianzas de Mamdani reafirman que la polarización en la política neoyorquina y estadounidense no es solo un debate entre partidos, sino una disputa de fondo sobre la identidad de las propias instituciones políticas.













