La frágil memoria de Delcy: «Jamás nos arrodillaremos, Sr. Trump». Del orgullo antiimperialista a la humillación y la entrega del petróleo (Video)

Del «No More Trump» a postrarse ante el «amo del norte». Solo faltarían las relaciones carnales, porque Donald tiene estómago para todo

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Por Paco Tilla.-

Hay giros dramáticos en la historia universal, y luego está la pirueta acrobática con triple salto mortal de la diplomacia chavista. Corría el lejano septiembre de 2019 cuando Delcy Rodríguez, luciendo una indignación de utilería y alzando cajas de firmas que prometían mover los cimientos del planeta, le gritaba al viento frente a las cámaras: «¡No queremos guerra, Sr. Trump! ¡Jamás nos arrodillaremos!». El plan era impecable: sepultar al imperio capitalista bajo una montaña de papel en la sede de las Naciones Unidas.

Avancemos la película y el paisaje ha cambiado un poco. De las marchas antiimperialistas con pancartas hechas a mano hemos pasado al más puro y pragmático «¿dónde le firmo la entrega del pozo, míster?». Aquellas toneladas de planillas de la campaña «No More Trump» parecen haber sido recicladas para envolver el contrato de concesión petrolera más veloz de la historia del Caribe.

Resulta fascinante la metamorfosis de la retórica revolucionaria. Ayer el «amo del norte» era la encarnación del mal; hoy es el jefe VIP al que hay que servirle el crudo en bandeja de plata, con lazo rojo y sonrisa ensayada, todo sea para evitar que el destino toque a la puerta con el mismo libreto aplicado a Maduro. Delcy, Diosdado y toda la cúpula han demostrado una flexibilidad muscular envidiable: pasaron de la pose de combate al estiramiento de alfombra roja en tiempo récord.

Si la Delcy de 2019 se cruzara en un pasillo de Nueva York con la Delcy de hoy, no sabríamos si se darían un abrazo de solidaridad o un carterazo diplomático. Aquella cruzada épica por la «dignidad e independencia» ha quedado resumida en una lección magistral de supervivencia caribeña: del emblemático «¡Yankee go home!» al cordial «¡Yankee, pasa, ponte cómodo y no olvides revisar la presión del oleoducto!».

La única duda filosófica que nos deja este culebrón geopolítico es saber si las cajas de firmas contra Trump terminaron convertidas en servilletas para el banquete donde hoy se sellan las capitulaciones. Definitivamente, la consigna de «patria, socialismo o victoria» siempre tuvo una pequeña letra chica que decía: sujeto a cambios según el precio del barril y la prisa por salvar el pellejo.