La nueva versión: Gobierno de Pedro Sánchez dice que no tuvo “ningún tipo de información” de sus servicios de seguridad sobre la invasión de 60.000 personas a Ceuta

Según las recientes declaraciones del delegado del Gobierno en Ceuta, el Ejecutivo central no recibió "ningún tipo de información" por parte de sus servicios de seguridad sobre la marea humana de más de 60.000 personas que se dirigía hacia la frontera. La versión oficial pretende que se crea, literalmente, que nadie vio venir a una multitud equivalente a la población de una ciudad entera hasta que la tuvieron chocando contra la valla

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Sánchez y los espías: "Nadie me dijo nada" - Imagen creada con IA

Hay explicaciones oficiales que cruzan la delgada línea de lo justificable para adentrarse directamente en el terreno del absurdo. La última versión ofrecida por el delegado del Gobierno de Pedro Sánchez en la ciudad autónoma, Miguel Ángel Pérez, sobre la crisis migratoria en Ceuta no es solo una falta de respeto a la lógica más elemental; es “una burla flagrante a la inteligencia de todos los ciudadanos”.

Piden a los ciudadanos que compren una historia de fantasmas. Según las recientes declaraciones del delegado del Gobierno, el Ejecutivo central no recibió “ningún tipo de información” por parte de sus servicios de seguridad sobre la marea humana de más de 60.000 personas que se dirigía hacia la frontera. La versión oficial pretende que se crea, literalmente, que nadie vio venir a una multitud equivalente a la población de una ciudad entera hasta que la tuvieron chocando contra la valla.

“No supimos del contingente de personas que se dirigía hacia la frontera hasta que lo vieron acceder”.

¿El brazo tonto de la ley en el CNI?

A estas alturas, la narrativa gubernamental ha alcanzado tintes de comedia. Seamos honestos: en este país ya resulta más creíble Torrente que el propio Gobierno de España.

El mismísimo personaje José Luis Torrente, con su desidia, sus prismáticos rotos, su coche destartalado y su obsesión por El Fary, habría tenido muchísimas más luces para olerse la tostada que todo el despliegue de esta inteligencia estatal. Es que ni el agente más inepto del cine patrio se habría tragado que 60.000 personas se organizan, se desplazan y se plantan en una frontera por arte de magia, sin levantar una sola sospecha o hacer ruido en las redes sociales. Si el plan era hacer reír, lo han conseguido; el problema es que estamos hablando de seguridad nacional.

¿Incompetencia histórica o una mentira flagrante?

Fuera de la broma (porque la situación es dramática), el análisis se reduce a una disyuntiva tan simple como alarmante. Solo existen dos opciones:

O están mintiendo descaradamente a la cara para camuflar una negligencia geopolítica y operativa sin precedentes.
O España posee, de manera oficial, los servicios de inteligencia más torpes, ciegos e inútiles del planeta.

Desplazar a decenas de miles de personas no ocurre de forma espontánea. Requiere logística, transporte y una coordinación evidente a ojos de cualquiera. En pleno siglo XXI, en la era de los satélites, la geolocalización y los agentes sobre el terreno, pretender que una masa humana de esa magnitud avanzó en el más absoluto secretismo es *una narrativa que nadie en su sano juicio puede creer*.

¿Dónde quedaron los millones de euros invertidos en sistemas de vigilancia temprana? ¿Qué analistas estaban de guardia mientras se gestaba la avalancha a escasos metros del territorio nacional?

La frontera de la ingenuidad

Gobernar un país exige madurez y, sobre todo, asumir responsabilidades. Intentar salir del paso escudándose en una supuesta ignorancia que roza el ridículo no calma los ánimos de la opinión pública; al contrario, genera una profunda e inquietante sensación de *desprotección*.

Si los servicios de seguridad de una potencia europea son verdaderamente tan incapaces de detectar una movilización masiva en su propia frontera, el problema es gravísimo. Y si la verdad es que prefirieron mirar hacia otro lado por cobardía diplomática, el problema es de dignidad.

Sea como fuere, el relato oficial hace aguas por todas partes. Va siendo hora de que el Gobierno deje de tratar a los españoles como a ciudadanos ingenuos a los que se les puede convencer con cuentos chinos. La ciudadanía merece respuestas serias, no guiones de película mala que ni el inspector más inepto de la gran pantalla se atrevería a firmar.