Camaleones de la patria: los tránsfugas de la política o el arte argentino de cambiar de camiseta

Claramente, en la RAE no conocen la política argentina, donde el transfuguismo no es un defecto moral, sino una disciplina olímpica de alto rendimiento

0
10
Congreso de Argentina - Foto: ICN Diario

Por Paco Tilla.-

Tránsfuga: Del lat. transfŭga ‘desertor’, ‘el que cambia de partido’, ‘el que reniega de su grupo social’ – Definición de la RAE.-

Dice la Real Academia Española (RAE), con esa rigidez tan europea, que el transfuguismo es simplemente la actitud de quien pasa de una ideología a otra, o de quien se queda con la banca tras romper con el partido que lo postuló. Qué definición tan sobria, tan falta de ritmo. Claramente, en la RAE no conocen la política argentina, donde el transfuguismo no es un defecto moral, sino una disciplina olímpica de alto rendimiento. Aquí no se traicionan principios; se practica la “flexibilidad estratégica”.

Si de medallas de oro se trata, es imposible no ponerse de pie ante el gran maestro de la elasticidad ideológica: Miguel Ángel Pichetto. El hombre es un camaleón todoterreno. Pasó décadas siendo el escudo legislativo del peronismo indomable, hasta que un día el destino (o la conveniencia) lo llevó a ser el compañero de fórmula presidencial de Mauricio Macri en 2019, abrazando la fe republicana y amarilla. Pero el amor es efímero y el archivo es blando. Hoy, tras haber lanzado críticas despiadadas en el pasado, lo vemos de regreso en el barrio, ensayando gestos de acercamiento y llamados a la unidad con Cristina Kirchner, nada menos que en un espacio compartido con el ultra Guillermo Moreno. Una plasticidad envidiable. Pichetto viaja por el espectro político sin remordimientos, demostrando que la coherencia es un lastre cuando se tiene buen ritmo para el transformismo.

Por supuesto, las nuevas generaciones no se quedan atrás en este hermoso deporte de la contradicción express. Ahí está la diputada Marcela Pagano, quien ingresó a las listas con el manual libertario bajo el brazo y las fuerzas del cielo en la frente. Sin embargo, mutó rápidamente en una sorpresiva diplomacia regional, al punto de pedir el juicio político del propio presidente Javier Milei por sus peleas con Lula da Silva. Un giro de 180 grados que a cualquier mortal le causaría vértigo, pero que en los pasillos del Congreso se vive con la naturalidad de quien se cambia de calzado. Eso si, la banca obtenida en LLA, no la deja.

Para coronar este podio del amor propio y el desapego partidario, no podemos olvidar a la Vicepresidenta Victoria Villarruel. Llegó a la cumbre como la mitad simbiótica de la fórmula libertaria, jurando lealtad y sintonía perfecta. Pero el poder, al igual que los departamentos monoambientes, se vuelve chico cuando los egos son demasiado grandes. Con la camiseta original ya bastante gastada, ahora se dedica a tejer su propio espacio político en el horizonte, impulsada por un proyecto personalísimo donde la lealtad inicial quedó archivada en el cajón de los recuerdos.

Pero además muestra un lado peligrosamente golpista al decir que está “preocupada” por la salud mental del presidente y no ve sus propios delirios en medio de un ego desmedido.

En definitiva, la política local es un parque de diversiones donde las ideologías son apenas disfraces de alquiler. Al final del día, lo importante no es qué bandera defendías ayer, sino tener los reflejos suficientes para saltar del barco a tiempo y caer parados en el despacho de enfrente. Total, en este bendito país, la memoria de los votantes siempre es corta y las bancas son ridículamente cómodas.