Victoria Villarruel: entre la demagogia de red social y la diplomacia de tribuna

Mezclar el deporte con una tragedia bélica como la Guerra de Malvinas no solo simplifica un reclamo de soberanía histórico y legítimo, sino que arrastra la investidura pública al barro de la chicana barata y delirante

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Victoria Villarruel - Foto: Senado

En la política contemporánea, la frontera entre la representación institucional y la búsqueda desesperada de atención digital parece haberse disuelto por completo. El último y más preocupante ejemplo de esta tendencia lo ha protagonizado la vicepresidenta de la Argentina, Victoria Villarruel, a través de una publicación en la red social X que oscila peligrosamente entre el chovinismo más ramplón y la falta absoluta de tacto diplomático.

Ante la inminencia de un encuentro deportivo contra el seleccionado de Inglaterra, la segunda autoridad del país decidió expresarse en los siguientes términos, al mejor estilo barrabrava:

“Mañana jugamos contra los piratas usurpadores. No es un partido más. No voy a ser políticamente correcta ni pecho frío, contra los ingleses siempre es algo más. Es Malvinas, es el Diego, es la última de Leo y es pararle el carro a los invasores. ¡Aguante Argentina! Porque hasta el último suspiro vamos a reclamar lo nuestro!”

La degradación de la investidura pública

A primera vista, las palabras de Villarruel podrían confundirse con el descargo pasional de un hincha en el tablón de una cancha. El problema radica en que provienen de quien preside el Senado de la Nación. Mezclar el deporte con una tragedia bélica como la Guerra de Malvinas no solo simplifica un reclamo de soberanía histórico y legítimo, sino que arrastra la investidura pública al barro de la chicana barata.

Cabe preguntarse con un mínimo de sentido común: ¿Qué culpa o responsabilidad tienen los jóvenes futbolistas ingleses que ni siquiera habían nacido en 1982— sobre las decisiones geopolíticas tomadas por su corona hace más de cuatro décadas?

La firmeza frente a los atropellos coloniales del Reino Unido no se demuestra con bravuconadas virtuales ni con un lenguaje digno de un barrabrava. El Estado argentino debe sostener su reclamo sobre las Islas Malvinas con altura, argumentos sólidos de derecho internacional y una diplomacia rigurosa. Reducir una causa nacional tan dolorosa a un partido de fútbol para supuestamente “pararle el carro a los invasores” desmerece la lucha de los excombatientes y trivializa la memoria colectiva.

Así opina el periodismo argentino y la vice sale mal parada