Para Vox, primero los sillones; la gobernabilidad de Andalucía puede esperar

Resulta difícil de digerir el espectáculo parlamentario en el que Vox no dudó en votar alineado con el PSOE para tumbar, en primera instancia, la investidura de Juanma Moreno. Poco importó que el candidato de los populares contara con un respaldo masivo en las urnas; para la formación ultra, la voluntad de los andaluces era secundaria

0
1
Juan Manuel Moreno ha sido investido hoy como presidente de la comunidad autónoma al obtener la mayoría simple de la Cámara en la segunda votación del debate de investidura - Foto: Parlamento

El vodevil de la investidura en Andalucía ha dejado al descubierto las verdaderas prioridades de Vox, la formación de Santiago Abascal. Tras semanas de golpes en el pecho y proclamas solemnes asegurando que su bloqueo al Partido Popular respondía a estrictas razones de “conciencia” y principios inquebrantables, la realidad ha terminado por imponer su crudo pragmatismo: todo era una cuestión de cuotas de poder. Vox ha demostrado que, para ellos, la gobernabilidad de los andaluces pasa a un segundo plano si no hay despachos de por medio.

La presión y el bloqueo

Resulta difícil de digerir el espectáculo parlamentario en el que Vox no dudó en votar alineado con el PSOE para tumbar, en primera instancia, la investidura de Juanma Moreno. Poco importó que el candidato de los populares contara con un respaldo masivo en las urnas; para la formación ultra, la voluntad de los andaluces era secundaria. La consigna era clara: o entramos en el Palacio de San Telmo, o bloqueamos la comunidad.

Al final, la resistencia ideológica duró lo que tardó en llegar una oferta sustanciosa. El botín obtenido no es menor:

  • Una macroconsejería con rango de vicepresidencia para Manuel Gavira.

  • El control de áreas estratégicas y de alta carga ideológica como Turismo, Desregulación, Justicia, Administración Local, Inmigración y Despoblación.

  • La cesión de un senador por designación autonómica.

Principios vs. Cargos

Los expertos y analistas políticos coinciden en el diagnóstico. El repentino cambio de parecer de Vox no responde a una mejora en los programas sociales ni a un pacto por el bien de Andalucía; responde al clásico reparto de prebendas.

El relato del “partido diferente” que venía a regenerar la política institucional se desmorona por su propio peso. Al concentrar bajo el mando único de Gavira competencias tan dispares como la inmigración y la justicia, Vox busca blindar un feudo de poder absoluto dentro del Ejecutivo.

En conclusión, la crisis de gobernabilidad que ha mantenido en vilo a Andalucía no ha sido un debate de ideas, sino una burda negociación de despachos. Vox ha dejado claro que sus líneas rojas son totalmente flexibles, siempre y cuando el precio a pagar incluya una vicepresidencia y un asiento en el Senado.