En el Día del Periodista, la vicepresidenta de la Nación, Victoria Villarruel, eligió las redes sociales para lanzar un mensaje cargado de definiciones sobre lo que, según su visión, la Argentina necesita de la prensa: un oficio vivido como “servicio” y no como una “herramienta de operaciones, extorsión o propaganda”. En un tramo de su texto, la funcionaria sentenció: “La Argentina necesita un periodismo que investigue, que pregunte, que incomode cuando haga falta”.
La declaración, que en teoría suscribe a los principios más puros de la libertad de prensa, colisiona de frente con la realidad de su propia gestión y sus reacciones ante el disenso. La pregunta surge de forma inevitable: cuando Villarruel pide un periodismo que “incomode”, ¿se refiere acaso a un periodismo complaciente con el poder de turno? ¿O la incomodidad solo es virtuosa cuando se aplica a sus adversarios políticos?
El archivo reciente —y no tanto— devuelve una imagen muy distinta a la del idilio republicano que la vicepresidenta intenta proyectar. La contradicción de su discurso queda expuesta al examinar cómo reacciona cuando los datos, la investigación y las preguntas incómodas la tocan de cerca.
El caso Lijalad: Cuando los datos matan el relato
El 2 de abril de 2024, en el marco del Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas, Villarruel buscó reforzar su narrativa familiar e institucional reivindicando la figura de su padre, el teniente coronel retirado Eduardo Marcelo Villarruel, presentándolo como un héroe condecorado.
Sin embargo, el periodismo que “investiga y pregunta” hizo su trabajo. El periodista Ari Lijalad reveló, documentación oficial en mano, que al exmilitar le habían retirado las distinciones de la Compañía de Comandos 602 porque “no reunía los requisitos”, un revés que el propio militar apeló sistemáticamente sin éxito a principios de los años 90 (mucho antes de la existencia del kirchnerismo, al que el oficialismo suele culpar de todo revisionismo). Además, los legajos expuestos por el periodista demostraron que el propio padre de la vicepresidenta dejó asentada por escrito su participación en la represión ilegal (“acciones antisubversivas”) tanto en ámbitos rurales como urbanos.
Victora Villarruel dice que su padre fue un héroe condecorado en Malvinas.
No dice que al teniente coronel Eduardo Marcelo Villarruel, su padre, le quitaron las condecoraciones por su participación en Malvinas porque “no reúne los requisitos”
Reclamó y se lo negaron varias… pic.twitter.com/yjhUM7lyea
— ari lijalad (@arilijalad) April 2, 2024
La reacción de la vicepresidenta ante la evidencia no fue el debate democrático ni la aclaración fundamentada. Optó por acusar al periodista de “chapotear en el barro”—, la tergiversación y, finalmente, el recurso más rudimentario de la intolerancia digital: el bloqueo en redes sociales. Silenciar la pregunta para no asumir la respuesta.
1.
Ayer publiqué que la vicepresidenta Victoria Villarruel dice que su padre fue condecorado por su actuación en Malvinas pero que en realidad lo único que pasó es que le quitaron una condecoración.Esta fue su respuesta y luego me bloqueó.
Voy a mostrar más documentos.
Y… pic.twitter.com/knRXGCwACU— ari lijalad (@arilijalad) April 3, 2024
La vía judicial contra el periodismo propio
Si el cruce con Lijalad se leyó bajo la lente de la grieta ideológica, las acciones de la vicepresidenta en este 2026 terminaron de sepultar su pretendida defensa de la libertad de expresión. Villarruel inició demandas penales por presuntas calumnias, injurias y atentado al honor contra los periodistas Eduardo Feinmann y Pablo Rossi, comunicadores que difícilmente puedan ser catalogados como militantes de la oposición de izquierda.
El rechazo en sede de la justicia federal a esta demanda no solo fue un límite jurídico a la prepotencia estatal, sino un triunfo para el libre ejercicio periodístico. Demostró que el uso del aparato judicial para amedrentar cronistas sigue siendo la herramienta predilecta de quienes confunden la crítica con el ataque personal.
| El discurso de Villarruel | La realidad de sus acciones |
| “La Argentina necesita un periodismo que investigue y pregunte…” | Bloqueo en redes sociales a periodistas que exhiben documentos oficiales de su entorno familiar. |
| “…que incomode cuando haga falta.” | Denuncias penales contra periodistas (como Feinmann y Rossi) cuando la información u opinión no es de su agrado. La Justicia desestimó las demandas de Villarruel |
| “Lo más difícil es sostener la verdad cuando aparecen las presiones…” | Utilización de la estructura de poder para presionar judicialmente a la prensa. |
El peligro del doble discurso
Sostener que se quiere un periodismo que “incomode”, salvo cuando la incomodidad la sufre uno mismo, es la definición exacta del cinismo político. El mensaje de Villarruel expone un peligroso doble estándar: la validación del periodismo queda sujeta a la simpatía ideológica o al cuidado de su propio relato.
Los ataques coordinados, las campañas de desprestigio y la construcción de enemigos que la vicepresidenta denuncia en su texto son, paradójicamente, las mismas prácticas que sus seguidores —y sus propias reacciones— convalidan en el debate público. La Argentina necesita, efectivamente, un periodismo que investigue y pregunte. Lo que no necesita es un poder político que aplauda la libertad de prensa en los discursos, pero la persiga en los tribunales.













