El Día Nacional del Libro suele ser una jornada de celebración y discursos bienintencionados. Sin embargo, en Uruguay, el último aniversario de la Biblioteca Nacional (BNU) se convirtió en el escenario de un papelón institucional que expone algo más grave que un simple malentendido: la improvisación y la falta de pudor político a la hora de vender humo presupuestal.
La puesta en escena fue cinematográfica. Con bombos y platillos, el ministro de Educación y Cultura, José Carlos Mahía; la ministra de Transporte, Lucía Etcheverry; el director de la OPP, Rodrigo Arim; y las autoridades de la biblioteca, Rocío Schiappapetra y Gabriel Calderón, anunciaron la “Biblioteca del futuro”. Una reforma millonaria: US$ 6 millones “asegurados” para una primera etapa, US$ 20 millones para la obra edilicia y US$ 10 millones más para un nuevo modelo de gestión. El portal de Presidencia de la República no tardó en replicar el gran titular: “Biblioteca Nacional inició plan de reformas edilicias por 20 millones de dólares”.
La épica duró menos de 24 horas
El golpe de realidad llegó de la mano del propio director de la OPP. En declaraciones radiales, Rodrigo Arim desmanteló el relato oficial con una frialdad pasmosa: no hay 20 millones, no hay 30 millones y, sobre todo, no hay un solo peso asegurado en la Rendición de Cuentas. Lo que la víspera era un logro histórico, al día siguiente pasó a ser un mero “error de comunicación”. Un proyecto a largo plazo que todavía se está presupuestando.
Reducir semejante papelón a un “error de comunicación” es subestimar la inteligencia de la ciudadanía. No se trató de un furcio en una conferencia; fue un anuncio oficial coordinado, refrendado por ministerios y por la propia Presidencia de la República, en el mismo momento en que el equipo económico presentaba una Rendición de Cuentas marcada por las restricciones fiscales.
Este episodio demuestra una alarmante falta de capacidad y de articulación política. Es inadmisible que las autoridades de la BNU salgan a asegurar en entrevistas que los fondos están blindados, mientras el director de Planeamiento y Presupuesto maneja una realidad completamente distinta. Alguien mintió, o alguien pecó de una irresponsabilidad técnica imperdonable.
La reacción de la Asociación de Funcionarios de la Biblioteca Nacional (AFBN) es tan legítima como necesaria. Las preguntas que plantean los trabajadores exigen respuestas urgentes: ¿Qué está financiado hoy? ¿Qué es humo electoral o proyecciones al viento? La indignación de la dirigente sindical Gabriela Barreto resume el sentir general: “Es una vergüenza que se haya presentado un proyecto, se anunciara una inversión y que, a los dos días, se echen así para atrás”.
La BNU no necesita eslóganes pretenciosos como la “Biblioteca del futuro” si el presente está atado con alambre y gobernado por la incertidumbre. La cultura y la historia del Uruguay merecen planificación, transparencia y respeto. Gobernar es presupuestar y ejecutar, no anunciar castillos en el aire para luego encogerse de hombros y culpar a la comunicación.













