El ministro de Exteriores de España José Manuel Albares, la pobreza de espíritu y el ataque a una mujer valiente

​Lanzar reproches a María Corina Machado por elegir sus interlocutores en España no solo es una injerencia en su agenda de libertad, sino que deja a Albares en un triste lugar como hombre y como diplomático. Atacar a quien ha caminado por el filo de la navaja frente al chavismo, echándole en cara supuestos favores pasados como el ofrecimiento de refugio, es de una bajeza moral alarmante

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​Resulta desolador, aunque quizás no sorprendente dado el historial de este Ejecutivo, observar el papel que ha decidido desempeñar el Ministro de Asuntos Exteriores de España, José Manuel Albares. En un alarde de pequeñez política y humana, el ministro ha salido a la palestra no para defender la democracia, sino para recriminar a María Corina Machado —una mujer que personifica la resistencia frente a la tiranía— el no haber pasado por el besamanos de La Moncloa.

​El agravio a la valentía

​Albares ha lamentado públicamente que Machado haya viajado a España para reunirse con lo que él denomina la “extrema derecha”, ignorando deliberadamente al Gobierno de Pedro Sánchez. Con un tono de despecho que raya en lo infantil, el ministro parece olvidar con quién está hablando. No se dirige a una “líder ideológica” de salón; se dirige a una mujer que ha arriesgado su vida, su libertad y su integridad por la libertad de Venezuela, mientras otros se limitan a redactar comunicados tibios desde despachos con aire acondicionado.

​Lanzar reproches a Machado por elegir sus interlocutores en España no solo es una injerencia en su agenda de libertad, sino que deja a Albares en un triste lugar como hombre y como diplomático. Atacar a quien ha caminado por el filo de la navaja frente al chavismo, echándole en cara supuestos favores pasados como el ofrecimiento de refugio, es de una bajeza moral alarmante.

Memoria selectiva y doble rasero

​La indignación de Albares por la falta de una foto con Sánchez es, cuanto menos, hipócrita si recordamos la hemeroteca de este Gobierno:

El caso Delcy Rodríguez: Mientras hoy se escandalizan por las reuniones de Machado con la oposición española, el PSOE aún no ha explicado satisfactoriamente qué hacía José Luis Ábalos —por orden directa de Sánchez— reuniéndose a escondidas en Barajas con la cómplice de Maduro, Delcy Rodríguez, violando flagrantemente las sanciones de la Unión Europea.

La “comodidad” con el tirano: Parece que para este Ministerio, recibir clandestinamente a los rostros de la represión venezolana es “realismo político”, pero que una líder democrática se reúna con el PP o Vox es una afrenta imperdonable.

Una cuestión de dignidad

​La decisión de María Corina Machado de no reunirse con Pedro Sánchez en este momento no es un capricho; es una declaración de principios. Machado sabe distinguir entre quienes apoyan su causa por convicción y quienes la usan como moneda de cambio para equilibrar sus complejos juegos de alianzas internacionales.

​La libertad no se mendiga, y la dignidad de un pueblo no se negocia en los pasillos de quienes sonríen a los dictadores por la noche y fingen ser demócratas por la mañana y eso el ministro del PSOE debería saberlo.

​Albares, con su actitud, no solo deja mal parado al Gobierno de España, sino que demuestra una preocupante pobreza de espíritu. Al intentar empequeñecer a una mujer cuya estatura moral le supera por varios órdenes de magnitud, el ministro solo ha conseguido resaltar su propia irrelevancia frente a la historia. Venezuela tendrá su libertad, y cuando eso ocurra, se recordará quiénes estuvieron al lado de los valientes y quiénes se dedicaron a poner palos en las ruedas por un simple ataque de celos políticos.