Caracas – En un giro discursivo que analistas califican como puro “autoengaño”, la vicepresidenta del régimen, Delcy Rodríguez, celebró recientemente lo que considera una formalización de relaciones por parte de la administración de Donald Trump hacia las autoridades venezolanas. Según Rodríguez, el acercamiento de Washington no debe leerse como un respaldo individual, sino como un reconocimiento al Estado en su conjunto.
Un “reconocimiento” con sabor a petróleo
“No es el reconocimiento a una persona ni a un gobierno, sino a un país, [para] que esa [nación] pueda recuperar su vida”, afirmó la funcionaria. Sin embargo, tras la retórica de soberanía, la realidad parece ser más pragmática y unilateral. La lectura dominante sugiere que la Casa Blanca está utilizando al liderazgo chavista exclusivamente como un proveedor energético conveniente, mientras el alto mando de Caracas acata las condiciones impuestas desde el Norte.
Rodríguez aseguró que este nuevo escenario permitirá avances en áreas críticas como:
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Servicios públicos
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Salud y educación
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Estabilización económica
La fila de los “postrados”
Lo que Rodríguez define como “oportunidades”, otros lo ven como una rendición táctica. El cambio de postura no solo afecta a la vicepresidenta; figuras que antes blandían un discurso antiimperialista feroz, hoy parecen alineadas a los intereses de Trump:
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Jorge Rodríguez: Pasó de la confrontación dialéctica a una gestión diplomática de bajo perfil ante Washington.
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Diosdado Cabello: El otrora “hombre fuerte” mantiene un silencio sepulcral ante las exigencias estadounidenses.
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Vladimir Padrino López: El líder militar, cuya “valentía” es hoy cuestionada, observa cómo la estructura castrense se pliega a las necesidades de la Casa Blanca por el tema petrolero.
Un destino de usar y tirar
La ingenuidad del discurso oficialista ignora una máxima de la política exterior de Trump: el utilitarismo. La historia sugiere que una vez que los objetivos energéticos de EE. UU. estén garantizados o la dinámica geopolítica cambie, el respaldo actual se evaporará.
Aquellos que hoy se postran ante las oficinas de Washington corren el riesgo de terminar siendo ignorados por la misma administración que hoy los utiliza, enfrentando eventualmente las consecuencias de su gestión sin el escudo protector de la “diplomacia petrolera”.













