Juan Grabois: la decadencia política llevada al extremo en el Congreso argentino

El dirigente ultrakirchnerista volvió a protagonizar un bochornoso espectáculo en la Cámara de Diputados, acumulando insultos, ataques misóginos y descalificaciones violentas contra legisladores de diversos sectores. Un ordinario en su máxima potencia

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Juan Grabois, un violento kirchnerista

Juan Grabois (a) “Cara de torta”, sumó un nuevo capítulo a su extenso historial de provocaciones y desborde mental. En el marco de una reunión de comisión en la Cámara de Diputados de Argentina, el agitador ultrakirchnerista convirtió la sesión en un escenario de forcejeos, amenazas e insultos explícitos, intentando ampararse en la libertad de expresión para ejercer una violencia verbal sistemática e injustificable dentro del recinto democrático.

El episodio tuvo uno de sus momentos más deplorables cuando arremetió de manera directa contra la diputada Juliana Santillán. En un claro ejercicio de misoginia y ante un señalamiento durante su intervención, Grabois reaccionó con tono condescendiente y agresivo: “No estoy leyendo, tontita”, expresión que desató el repudio inmediato e inició un desorden generalizado en la sala.

Lejos de contenerse, el desequilibrado escaló la tensión dirigiendo sus embestidas hacia la autoridad de la comisión. Al momento en que el micrófono se interrumpió, espetó con furia al presidente del cuerpo, Carlos Zapata: “Dejá de apagarme el micrófono, facho de mierda”. Minutos después, volcó su repertorio de descalificaciones hacia la bancada oficialista al grito de “Vendepatrias, coimeros de mierda, faloperos de mierda”. La lista de agredidos sumó también al diputado Bertie Benegas Lynch durante el debate en la Comisión de Presupuesto, a quien encaró con insultos dirigidos a su persona: “No te hagas el canchero, te queda bastante mal, sos bastante p…”.

Resulta paradójico que un personaje que pretende erigirse en juzgador de la moral ajena pase por alto las condenas judiciales por corrupción que pesan sobre su jefa política, Cristina Fernández de Kirchner y los robos que ésta perpetró. Este accionar no hace más que confirmar el perfil de una figura que en el pasado llegó a manifestar públicamente que saldría «de caño» a robar en caso de atravesar apremios económicos, consolidándose como un actor nefasto cuya única impronta es la degradación del debate público y el avasallamiento de las instituciones.

Más ordinario, no se consigue…