Por Paco Tilla.-
El fútbol tiene esas cosas maravillosas: antes del partido te venden un monstruo prehistórico que escupe fuego, y a los noventa minutos te das cuenta de que el temible “cuco” era un espantapájaros con el traje flojo. Así se plantó Francia en la cancha, con su chapa de soberbia y su heráldico gallo en el pecho, pero terminó pidiendo la hora, escondiendo las pelotas y cacareando de puro nervio frente a un Paraguay que, si bien se va del Mundial, lo hace con la frente tan alta que casi toca el techo del estadio.
Al final, el temido poderío francés brilló por su ausencia. El partido se definió por la mínima diferencia y, para colmo de males, gracias a un penal más dudoso que promesa de político en campaña, cambiado por gol por Kylian Mbappé – no sabemos si la novia trans estaba alentando o no desde las tribunas. Francia, sacando ese regalito del árbitro —un juez tan permisivo que parecía contratado para el cuerpo técnico de Les Bleu, para cuidar el gallinero, porque el juego de Francia fue un desierto de ideas.
De la alta cocina al teatro del absurdo
Lo más insólito de la jornada no fue la falta de fútbol de los galos, sino su repentina vocación actoral. Se ve que las escuelas de teatro de París son excelentes, porque los jugadores franceses se desplomaban ante el menor soplido del viento paraguayo.
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El manual del tiempo: Fingieron lesiones, estiraron los saques de banda y se arrastraron por el césped con un dramatismo digno de un premio Óscar. Todo sea por hacer correr el cronómetro.
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¿Y el juego?: De valientes, nada; de juego asociado, mucho menos. El brillo de las estrellas se apagó ante la asfixiante marca paraguaya.
Crónica de un corral anunciado
La garra guaraní plantó bandera y obligó a los europeos a bajarse del pedestal de la soberbia. Fue un monólogo de temperamento paraguayo contra la fragilidad de un equipo francés que terminó acorralado en su propia área.
Al final, el imponente símbolo del gallo galo sufrió una mutación genética en pleno partido y se convirtió en una gallinita delicada.
Corrieron tanto los muchachos albirrojos y los tuvieron tan del cogote que, para ser honestos y usar la vieja jerga de los gallineros, a esa pobrecita gallina francesa solo le faltó que los paraguayos la “pisaran” para completar la faena (Ustedes me entienden con eso “de pisar una gallina en el gallinero”. Francia sigue en el torneo por un soplido del destino (y del silbato), pero el respeto… ese se quedó en la camiseta de Paraguay.
Y al final la actitud de las gallinas y el miembro del gallinero: Mbappé
Kylian Mbappé se burla con su celebración en la cara del jugador de Paraguay.
EL KARMA 😂pic.twitter.com/sXoq9LKgC8
— (fan) REAL MADRID FANS 🤍 (@AdriRM33) July 4, 2026










