Por Micaela Dotta.-
Los niños siempre llegan al final. No al principio, donde está el problema. No en el medio, donde están las explicaciones contradictorias, los autos sin empadronar, las rifas que nadie gana y los descuentos que nadie puede explicar sin ponerse nervioso. Los niños llegan al final, cuando todo lo demás falló, cuando el video con bandera de fondo no alcanzó, cuando la conferencia con cuatro periodistas elegidos abrió más preguntas de las que cerró, cuando la palabra “gentileza” empezó a sonar peor que el silencio. Entonces aparecen los niños. Puntuales. Infalibles. Blindados contra la crítica por su propia existencia.
Yamandú Orsi donó su Hyundai Santa Fe híbrida a la Administración Nacional de Educación Pública para trasladar niños al interior del país. La misma Hyundai que compró ocho días antes de asumir la presidencia con un descuento de USD 25.000.
El senador Daniel Caggiani, con la velocidad de quien llevaba días esperando una salida, declaró que “el destino del vehículo será el traslado de niños en el interior del país. Es por aquí.” Es por aquí. Como si la ética pública fuera un GPS y los niños fueran la ruta alternativa cuando hay tráfico en la ruta principal.
Hay una tradición en la política latinoamericana que no figura en ningún manual pero que todos conocen: cuando el escándalo es demasiado grande para explicarlo, se lo envuelve en infancia. No importa qué tan grande sea el agujero, siempre hay un niño disponible para tapar la vista. Canchas para niños. Leche para niños. Computadoras para niños. Y ahora camionetas híbridas de alta gama para niños, aunque el senador Robert Silva haya señalado que la ANEP ya cuenta con ómnibus para ese tipo de traslados, que existen contratos con transportistas privados, y que una Santa Fe híbrida no parece precisamente el vehículo diseñado para recorrer escuelas rurales cargada de escolares. El propio presidente de la ANEP, consultado sobre el destino concreto del vehículo, respondió que “están trabajando en cuál traslado es más útil”. La camioneta ya fue donada. El destino todavía está en etapa de diseño.
Pero retrocedamos, porque la historia merece ser contada en orden, aunque sus protagonistas parezcan preferir contarla en el orden que más les conviene. Ocho días antes de asumir la presidencia, Orsi compró una Hyundai Santa Fe híbrida.
Valor de mercado: USD 78.990. Precio pagado: USD 54.000. Veinticinco mil dólares de diferencia. El prosecretario Jorge Díaz encontró la palabra para describirlo: “gentileza”. Una rebaja en el supermercado es una gentileza. Un café invitado es una gentileza. Un descuento de USD 25.000 para un presidente electo, ofrecido por la concesionaria de la misma marca que desfiló en su asunción, es otra cosa.
Precisamente porque no cualquiera puede recibirlo. Para pagar los USD 54.000, Orsi entregó su Hyundai personal del 2020, realizó una transferencia de USD 15.000 y utilizó como parte de pago un Renault Stepway que había sido donado a su campaña electoral.
Ese detalle apareció después, cuando el primer video ya estaba publicado y la explicación oficial ya había sido ensayada. El Stepway nunca fue empadronado porque hacerlo resultaba, según se explicó, “engorroso”. Fue rifado a través de la Lotería Uruguaya, lo recaudado fue destinado al Frente Amplio, nadie ganó la rifa, y el vehículo permaneció en manos del candidato hasta que sirvió como parte de pago de su camioneta personal. Cada aclaración producía una nueva aclaración. El video de la transparencia tenía agujeros. Los agujeros tenían sus propias conferencias de prensa. Las conferencias de prensa tenían sus propias omisiones.
Orsi, consultado por periodistas a la salida de un evento en Salto, explicó que ante descuentos de ese tipo uno “se tira de cabeza”. También dijo que se equivoca “todos los días, desde que me levanto”. En otro contexto serían frases encantadoras, incluso humanas. El problema es que el hombre que se tira de cabeza ante una oportunidad de USD 25.000 no era un vecino encontrando una oferta en Marketplace. Era el presidente electo de la República. Y el presidente electo no vive en el mismo mercado que el resto.
Entonces llegaron los defensores. Fernando Pereira salió a los micrófonos a pedir que se tenga “cuidado con meterse con el presidente” y a asegurar que Orsi “ha hecho de la ética una forma de vida”. Daniel Caggiani eligió la palabra “cristalino” para describir al mandatario. Cristalino. Como el vidrio. Como esas cosas que cuando se fracturan no avisan con estrépito sino que simplemente muestran, de golpe, todo lo que había adentro.
El problema nunca fue la camioneta. Fue el descuento. Y el descuento no se dona.
La camioneta puede cambiar de dueño, de matrícula, de destino, puede recorrer escuelas y rutas nacionales. El descuento permanece exactamente donde nació, esperando el dictamen de la JUTEP, inmune a los niños del interior, inmune a las rifas, inmune a los videos grabados frente a una bandera. Quizá los niños del interior efectivamente se beneficien de la camioneta. Ojalá sea así. Pero los niños nunca fueron el tema. El tema fue el descuento. Y los descuentos tienen una característica incómoda: no transportan escolares, no recorren rutas nacionales y no desaparecen cuando se dona el vehículo que los hizo famosos. Porque hay preguntas que una Hyundai puede trasladar de departamento en departamento. Pero no hay vehículo capaz de llevárselas del todo.













